En los siglos XV, XVI y XVII, Europa era un lugar donde predominaban la incultura y la superstición, ya que la influencia de la religión en todos los órdenes de la vida era absoluta. El hambre causaba estragos, la dependencia del tiempo atmosférico era total, la medicina apenas estaba desarrollada y la mortalidad, sobre todo la mortalidad infantil, alcanzaba índices altísimos.