Mujeres anticolonialistas en Latinoamérica

Hoy es 12 de octubre y festivo nacional, de los gordos además, y una vergüenza inabarcable. No celebramos el descubrimiento de nada, celebramos un genocidio y un saqueo, una masacre y el sometimiento de personas, culturas, idiomas… Lo que deberíamos estar haciendo es reconocer y reparar, pero lejos de eso, seguimos orgullosos hablando de actos civilizatorios y de descubrimientos. Como en Radiojaputa creemos que el 12 de octubre no hay nada que celebrar y mucho que reparar, nos salimos del camino y os traemos un podcast cuyo tronco serán como siempre vuestras voces, pero tanto inicio como final, intentará contrarrestar tanta ignominia.

Vamos a comenzar este podcast hablando sobre el colonialismo español en América y, claro está, sobre el papel de las mujeres a ambos lados de la historia. Porque, aunque la participación de las mujeres en la colonización española de América es muy poco conocida, existió. Generalmente, eso sí, el papel reservado a las mujeres peninsulares fue el que se les reservaba en todas partes en la Europa de aquella época. La Corona hispánica fomentó que se cruzasen el charco para hacer de madres y esposas, amigas, y evitar así que los conquistadores se mezclasen con las nativas. Qué te parece. No fuesen ellos a degradar la raza y la cultura, ya sabéis, que al final allí, aunque estuviesen por adecentar, pues seguían siendo mujeres con armas de mujeres. 

Algunas mujeres por allí tuvieron papeles más activos. Inés Suárez, por ejemplo, luchó en el ejército en la conquista de la zona de Chile, Isabel Rodríguez y María de la Estrada hicieron otro tanto en México. Luego está también el caso de Catalina de Erauso, “la monja alférez”, que haciéndose pasar por un hombre se distinguió luchando en las guerras contra los mapuches, también en la zona de la actual Chile. Y fuera del ámbito militar, pues tenemos incluso a alguna mujer que llegó a ocupar cargos muy relevantes, como la jienense Beatriz de la Cueva, que aunque solo por dos días llegó a ser gobernadora y capitana general de Guatemala. También hubo líderes expedicionarias como Isabel Barreto, que se encargó de una expedición a las islas Salomón, a finales del XVI, y está considerada por algunas historiadoras como la primera mujer que accedió al rango de almirante. 

Esto es un pequeño resumen del papel de las mujeres españolas en este trozo de la historia, porque nosotras lo que queremos es dedicar este espacio a las que lucharon contra los colonizadores. A las indígenas y a las criollas que combatieron a las mujeres que acabamos de nombrar y a la mancha de varones violentos y asesinos, que primero intentaron evitar la conquista de sus tierras y, después, independizarlas del poder español. 

Si conocemos pocos nombres femeninos de la parte invasora, que es quien ganó y, por lo tanto, escribió la historia, imaginad cuántos nombres de mujeres indígenas de la época de la invasión española se conservan. Y las más famosas aquí, qué casualidad, son sobre todo las que se entendieron bien con los españoles. La Malinche, por ejemplo, que fue una joven que ejerció como intérprete para Hernán Cortés en la invasión de México y que acabó luego casándose con un español. O Beatriz Clara Coya, una princesa inca que se casó con el gobernador español de Chile ayudando a legitimar el control de la Monarquía hispánica sobre esos territorios.

De las mujeres que intentaron resistirse a los españoles hemos oído hablar menos aún. Pero las hubo, claro está. Tened en cuenta que, en algunos pueblos indígenas americanos, las mujeres tenían mucho más protagonismo social del que se les permitía tener en Europa. Eso es algo que sabemos porque a algunos cronistas españoles de la colonización les sorprendió ver a mujeres en posiciones de liderazgo, con voz e independencia, y dejaron constancia de ello. Con la colonización española, sin embargo, se acabarían imponiendo los roles de género patriarcales típicos de Europa. 

Una de las primeras líderes indígenas que combatieron a los españoles de la que tenemos noticia fue Ñusta Huillac, una princesa inca que encabezó una rebelión anticolonial en la zona norte del actual Chile, en la década de 1540. Actualmente hay una fiesta famosa en el norte de Chile, la fiesta de “La Tirana”, que celebra leyendas sobre ella. “La Tirana” era el apodo que, al parecer, los españoles pusieron a Ñusta Huillac por la dureza con que trataba a sus enemigos. 

Hay otro relato a medio camino entre la realidad y el mito, que es maravilloso, se refiere a una expedición liderada por Francisco de Orellana en la Amazonia a mediados del siglo XVI. Una de esas expediciones que tenía por objetivo encontrar El Dorado, una supuesta ciudad o reino lleno de oro que según la leyenda estaba por ahí en algún lugar de Sudamérica. En esa expedición por el Amazonas participó un fraile, Gaspar de Carvajal, que escribió luego sobre ella y cuenta un episodio curiosísimo. Asegura que en un momento dado les atacaron unas mujeres guerreras muy fieras que lideraban a un grupo de indios varones. En el transcurso de la lucha los españoles consiguieron capturar a uno de los indios, y este les contó que esas guerreras eran adoradoras del Sol, y que vivían en un Reino formado exclusivamente por mujeres que utilizaban a hombres capturados en tribus vecinas para reproducirse. Cuando tenían hijos varones los mataban, y si tenían hijas pues se las quedaban. La supuesta monarca de ese reino se llamaba al parecer Coñori, que es un nombre pues que es una fantasía, la verdad. Coñori. No sabemos cuánto de verdad hay en este relato, eso sí. Lo cierto es que en el contexto de la colonización de América circularon muchas leyendas sobre reinos habitados solo por mujeres, inspiradas en el mito de las amazonas griegas. 

Ya en el siglo XVIII, conocemos bien la historia de varias mujeres que se rebelaron contra los españoles. Dos de las más famosas fueron Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, cuñadas entre sí e integrantes del pueblo aymara, en la actual Bolivia. Estas mujeres lideraron, junto con Tupac Katari, marido de Bartolina y hermano de Gregoria, una rebelión en la que llegó a conquistarse la ciudad de Sorata y a sitiarse la ciudad de La Paz, en el año 1781. Gregoria estuvo personalmente al frente de las tropas rebeldes y los aymaras llegaron a considerarla su reina. Al final los rebeldes fueron derrotados y a estas dos mujeres se las apresó, torturó y ejecutó en 1782. 

Contemporánea de esa insurrección fue otra todavía más importante, la llamada “Gran Rebelión”, que estalló en el Perú en 1780 encabezada por Tupac Amaru II, un descendiente del último emperador inca. En esa lucha, que buscaba ya claramente la independencia, jugó un papel crucial la mujer y consejera del líder Túpac Amaru, Micaela Bastidas. Micaela, a la que se apodaba “la Zamba” por su ascendencia afroindígena, fue apresada en 1781 junto con su marido y dos de sus hijos, torturada, ejecutada de una forma absolutamente brutal y desmembrada después, enviándose sus restos a distintos pueblos para que sirvieran de advertencia a otros posibles rebeldes. El legado de aquella rebelión fue enorme en América latina: no es casual que las guerrillas urbanas del Uruguay, en los años sesenta, se llamasen tupamaras.

También en esa misma época, en 1781, Manuela Beltrán inició una revuelta en la actual Colombia, entonces Virreinato de Nueva Granada. Todas a la vez, estaréis pensando. Pues sí, porque en esos años hubo muchas rebeliones provocadas inicialmente por el intento de los Borbones de subir los impuestos en las colonias.  

Después, ya en el siglo XIX, tenemos las luchas por la independencia nacional de los territorios americanos. Y ahí, de nuevo, volvió a haber mujeres muy destacadas. Mujeres como Juana Azurduy, comandante de una guerrilla clave en la lucha contra el poder español en lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata. Juana fue muy importante para que tanto Argentina como Bolivia lograran independizarse, pero acabada la guerra se la olvidó y acabó muriendo en la pobreza. 

Otra mujer importante en aquel contexto de principios del siglo XIX fue Manuelita Sáenz, consejera y amante de Simón Bolívar, que participó en algunos de los últimos enfrentamientos contra los realistas españoles en Sudamérica, llegó a obtener el rango de coronel y contribuyó también a la construcción del proyecto político de Bolívar, al que además le salvó la vida en una ocasión, por lo que se le concedió el título honorífico de  “Libertadora del Libertador”. Sin embargo, cuando murió Bolívar, Manuela Sáenz fue denostada y acabó muriendo en el exilio.

También hubo mujeres claves en la independencia mexicana, como  Josefa Ortiz de Domínguez, alias “La Corregidora”, que participó en la conspiración de Querétaro de 1810 que dio inicio a la lucha independentista y es considerada una heroína nacional y una de las fundadoras de la patria. 

Y en la segunda mitad del siglo XIX, tenemos la lucha independentista en Cuba, en la que otra vez vuelve a haber mujeres súper importantes jugando roles de todo tipo: propagandistas, mensajeras, enfermeras y en algún caso, también combatientes. La patriota cubana más conocida fue quizá Mariana Grajales, la matriarca del clan Maceo, una activista incansable por la causa cubana hasta su muerte en 1893. Y también quiero mencionar a Ana Betancourt, que además de participar en la guerra de los Diez años contra España, entre 1868 y 1878, fue una defensora de la igualdad de las mujeres. Los últimos años de su vida los pasó en España, desde donde siguió conspirando y ayudando a recaudar fondos para la independencia de Cuba. Murió en 1901 así que pudo ver y disfrutar la derrota española y la victoria de su pueblo en 1898.