Vamos a hablar de grupos feministas que han recurrido a la violencia para conseguir sus objetivos. Es un tema que invita mucho a la reflexión, nos hace preguntarnos cosas como ¿cuándo está justificado emplear la violencia?, o incluso ¿qué entendemos por violencia? Nuestra sociedad nos ha inculcado, especialmente a las mujeres, el rechazo moral a la violencia, pero al mismo tiempo, la violencia está muy presente y se justifica constantemente según quién la ejerza (excepto si la ejercemos tú o yo, amiga). Se nos ha transmitido además una idea de violencia reduccionista: se identifican y se rechazan de forma más clara unos tipos de violencia que otros. La violencia psicológica, la económica o la institucional, no se ven de igual forma que la violencia física más directa, por ejemplo. Pero: ¿qué es más violento? ¿Que una patrulla de matones eche a patadas a una familia de su casa por un desahucio, un juez dejando en la calle a un maltratador, o quemar cuatro contenedores? Yo lo tengo claro, pero no hace falta que os diga que muchos de nuestros medios de comunicación pues no tienen problema en defender los dos primeros ejemplos al mismo tiempo que condenan escandalizados que se incendie el cajero de un banco, por poner un ejemplo.
Nosotras nos vamos a centrar hoy en algunos grupos feministas que han recurrido a las formas más explícitas de violencia, y que lo han hecho de manera sistemática y con unos objetivos claros. Como por ejemplo las sufragistas británicas e irlandesas, que fueron, a principios del siglo XX, las primeras feministas que sepamos que usaron la violencia de forma planificada y sistemática. La historia os sonará, seguro, porque hay libros, documentales, ha salido en series y hasta en pelis como Las sufragistas, de 2015. La lucha de las mujeres por conseguir el derecho al voto en el Reino Unido empezó a cobrar importancia a partir de la década de 1860. Las sufragistas se pasaron décadas intentando promover sus reivindicaciones políticas por vías pacíficas, pero cuando empezó el siglo XX, todavía no habían conseguido nada. En 1903, la mítica Emmeline Pankhurst fundó, junto con otras activistas, la Unión Social y Política de Mujeres. Al principio, esta organización trató de negociar para que la propuesta del voto femenino fuera discutida y aprobada en el parlamento, pero esa vía fracasaba una y otra vez. Desde 1903 a 1912 intentaron todas las vías pacíficas y diplomáticas que pudieron, 7 años. Hasta que a mediados de 1912, ya decidieron iniciar una campaña masiva de ataques violentos para forzar la consecución del voto femenino. No toda la Unión Social y Política de Mujeres estuvo de acuerdo en ello, de hecho, muchas suffragettes abandonaron la organización, incluidas sin ir más lejos dos de las hijas de Emmeline Pankhurst.
Entre 1912 y 1914, las suffragettes (llamadas así al principio en tono burlón por el machirulado para diferenciarlas de las sufragistas pacíficas, porque ya entonces usaban aquello de “las feministas de antes”), pues las suffragettes, además se reapropiarse de la palabra, llevaron a cabo más de 500 atentados que dejaron varios heridos y cuatro muertos. Los métodos más utilizados fueron las bombas y los incendios provocados. Atacaron domicilios de ministros y de otros políticos y altos funcionarios contrarios al voto de las mujeres, edificios emblemáticos como el Teatro Real de Dublín o el Banco de Inglaterra, estadios deportivos -que consideraban símbolos del dominio masculino en la sociedad-, etcétera. Dirigieron también cartas-bomba contra varios altos mandatarios del país, incluido el primer ministro Asquith, aunque ninguna alcanzó su objetivo. De hecho, aunque no inventaron las cartas-bomba, las suffragettes fueron las primeras que las usaron de forma sistemática. También hicieron algún ataque directo: al primer ministro Asquith, la sufragista Mary Leigh le lanzó un hacha que acabó hiriendo a otro político, al nacionalista irlandés John Redmond. Uno de los atentados sufragistas más famosos fue la destrucción de la casa de David Lloyd George, futuro primer ministro y entonces canciller de Hacienda, que llevó a la cárcel a Emmeline Pankhurst. En total, unas 1.300 sufragistas fueron detenidas durante este periodo. Solo en el mes de mayo de 1913, particularmente violento, hubo 52 ataques con bombas e incendios provocados.
Durante el tiempo que duró la campaña de atentados, la Unión Social y Política de Mujeres siguió celebrando manifestaciones por el sufragio, que fueron duramente reprimidas por la policía y sufrieron también ataques de multitudes enfurecidas. Y en algunas de esas trifulcas, la policía se dio cuenta de que algunas suffragettes también sabían dar hostias como panes. Y es que las suffragettes fueron también unas genias de la autodefensa feminista. De hecho gracias a Edith Garrud, una feminista experta en artes marciales, se formó un club de autodefensa dentro de la Unión Social y Política de Mujeres y hacia 1913 la organización contaba con unas decenas de mujeres formadas en artes marciales que hacían de fuerza de choque, se enfrentaban a la policía y a otros grupos violentos, etc. En la prensa se acuñó entonces el término “suffrajitsu”, porque estas mujeres se habían formado en jiu-jitsu concretamente. En agosto de 1914 empezó la Primera Guerra Mundial y las suffragettes, con Emmeline Pankhurst a la cabeza, decidieron poner fin a su campaña de atentados. En 1918, se concedió un derecho parcial al voto a las mujeres mayores de 30 años, y en 1928 se consiguió ya el derecho a votar en igualdad con los varones.
Ahora nos vamos a Estados Unidos, a los años 60 y 70, cuando irrumpió el feminismo radical. Fueron unos años muy movidos allí, años en los que funcionaron un montón de grupos activistas de izquierdas de todo tipo. Entre ellos, muchos grupos feministas, también. Algunos, como “Radical Women”, de Seattle, desarrollaron un activismo muy proclive a la acción directa, aunque no específicamente violento. Otros, como Célula 16, un grupo pionero del feminismo separatista que defendía el celibato como estrategia de lucha contra el patriarcado, promovieron la autodefensa y ofrecieron formación en artes marciales a sus miembras. Y también hubo algún pequeño grupo que sí optó por recurrir de forma directa al empleo de la violencia. El más conocido es la Brigada de Mujeres de Weather Underground. “Weather Underground” era un grupo radical de izquierdas, antiimperialista y antirracista, aliado por ejemplo de los famosos Panteras Negras. A principios de la década de 1970 colocaron varias bombas en bancos, edificios gubernamentales y monumentos para llamar la atención sobre sus objetivos y denuncias. Su estrategia era de “propaganda armada”, no atentaban contra personas. Y dentro de la organización había una rama femenina, esa Brigada de Mujeres de Women Underground, que asumió el objetivo de combatir el patriarcado. En octubre de 1970, esa Brigada de Mujeres colocó por ejemplo explosivos en un centro de asuntos internacionales de la Universidad de Harvard para protestar contra la guerra de Vietnam y contra la reciente detención de Angela Davis. Funcionaron menos de cuatro años: su última gran acción fue el 6 de marzo de 1974, cuando colocaron una bomba en las oficinas del Departamento de Salud, Educación y Bienestar de San Francisco para llamar la atención sobre las desigualdades en el ámbito sanitario, en la crianza de las hijas y en otros aspectos relacionados. La fecha elegida buscaba amplificar el impacto de su denuncia al ser el Día Internacional de la Mujer un par de días después. La Brigada de Mujeres de Weather Underground, que apenas llegó a las siete decenas de miembras, ayudó a difundir el pensamiento feminista. Su integrante más famosa era Bernardine Dohrn, que tras pasar bastantes años escondida se pudo reintegrar a la vida civil como profesora universitaria.
Luego hubo otro grupo al que también es curioso mencionar, una pequeña organización mixta, considerada terrorista por el gobierno estadounidense, que se llamaba “Ejército Simbionés de Liberación Nacional” y surgió en California a principios de los 70. Su nombre aludía a la “simbiosis”, porque su ideología decía combinar de forma armónica las principales luchas de la izquierda: el feminismo, el antirracismo, el antiimperialismo y el anticapitalismo. Era un grupo muy pequeño, no llegaba a 30 miembros, y además de declararse feminista tenía a bastantes mujeres en posiciones de liderazgo, como por ejemplo Patricia Soltysik o a Nancy Ling Perry, ambas murieron en 1974 durante un enfrentamiento con la policía en los Ángeles. Otras integrantes del grupo están vivas todavía, como Emily Harris o Kathleen Ann Soliah. Estuvieron activas entre 1973 y 1975, llevaron a cabo atracos a bancos y asesinaron a un alto funcionario educativo al que acusaban de promover políticas educativas profascistas. Aunque su acción más famosa fue el secuestro de la rica heredera del imperio mediático Hearst: Patty Hearst. La secuestraron y pidieron un rescate en forma de distribuciones gratuitas de comida entre la comunidad local, pero al final en vez de entregarla, Patty Hearst acabó uniéndose al grupo.
Y ahora nos vamos a los 70 pero de la Alemania occidental. En la Guerra Fría, sabéis que Alemania quedó partida en dos países y la Alemania occidental era la capitalista. Y allí, como pasó en otros países capitalistas europeos, aparecieron en los años 70 grupos revolucionarios de extrema izquierda inspirados por las guerrillas urbanas de Sudamérica. En Alemania, el más famoso fue la llamada Facción del Ejército Rojo, el RAF, que estuvo operativo hasta la década de 1990 y atentó sobre todo contra policías, militares y empresarios. Una de sus líderes, que además murió en la cárcel posiblemente asesinada, era feminista, Ulrike Meinhof. Pero no es del RAF de lo que quiero hablaros, sino de otro grupo revolucionario que rivalizaba con este: las Células Revolucionarias. A diferencia del RAF, las Células Revolucionarias tenían una estructura muy descentralizada, estaban formadas por grupos locales bastante autónomos entre sí. Y tenían una rama femenina y feminista, las Rote Zora, que al final en 1986 acabaron de hecho por independizarse totalmente de la organización porque estaban en desacuerdo con estrategias de lucha que implicasen causar víctimas mortales. El primer atentado de las Rote Zora se produjo en 1975, cuando colocaron bombas en el Tribunal Constitucional alemán, que estaba bloqueando la aprobación de una ley del aborto. Y el último en 1995, en el astillero de una empresa que estaba haciendo un barco para Turquía. Se hizo en apoyo de la causa kurda. Entre medias, las Rote Zora pusieron bombas, incendiaron y vandalizaron edificios institucionales, sex shops, coches de proxenetas, edificios de grandes empresas que habían sido acusadas de usar mano de obra presidiaria para lucrarse, centros de ingeniería genética (estaban muy concienciadas con los posibles peligros de la modificación genética), etc. Las integrantes de las Rote Zora eran mujeres con otros trabajos, como las llamó alguna vez la prensa “terroristas a tiempo parcial”. Eso les permitió pasar desapercibidas, y muy pocas fueron identificadas.
Y ya para terminar, vamos a dar otro salto en el tiempo y en el espacio para irnos a la India contemporánea. Allí, Sampar Pal fundó en el año 2006 un grupo feminista llamado “Gulabi Gang”, que ha pasado a ser conocido en todo el mundo por sus métodos expeditivos para combatir las injusticias de la sociedad patriarcal india. Las Gulabi Gang van ataviadas con un sari rosa y armadas con una caña de bambú, símbolo de que usan la violencia para conseguir lo que es justo, y han tenido un gran éxito en la India: al principio eran 25 mujeres, ya hay quien habla de 400.000. Sus principales objetivos son la lucha contra la violencia machista y los matrimonios infantiles y la mejora en las posibilidades educativas de las mujeres, sobre todo en zonas rurales. Llevan a cabo un montón de iniciativas que van desde aportar consejería legal a mujeres víctimas de violencia, hasta promover el empleo femenino o crear escuelas rurales para niñas. Y aunque no utilizan la violencia de manera sistemática, sí han recurrido muchas veces a ella, y además promueven activamente la autodefensa feminista. Han llegado a golpear y exponer a la vergüenza pública a maltratadores, pero también han atacado incluso a policías, como el caso de un poli que se negó a abrir un caso por violación porque el agresor era de clase alta, y también a un magistrado por no castigar la violencia machista.
UN LIBRO: El ejército de los saris rosas, de Sampal Pat (Planeta, 2008).
UNA PELÍCULA: Las sufragistas (2015)
UN ARTÍCULO SOBRE EL SUFRAGISMO BRITÁNICO: El sufragismo británico: narraciones, memoria e historiografía o el caleidoscopio de la historia (se abre en una pestaña nueva)
UN DOCUMENTAL SOBRE LAS ROTE ZORA: Rote Zora. A video by Oliver Ressler (se abre en una pestaña nueva) (En alemán subtitulado al inglés)
DOCUMENTAL SOBRE EL EJÉRCITO SIMBIONÉS DE LIBERACIÓN NACIONAL Y PATTY HEARST: “Guerrilla, the taking of Patty Hearst”
Una revisión de la figura de Carrie Nation (en inglés): Carry Nation: Reconsidering one of history’s most ridiculed women. (se abre en una pestaña nueva)