Hitos del feminismo

Antes del feminismo, ninguna mujer podía decidir qué ropa ponernos. La prohibición de llevar pantalones, por ejemplo, estuvo vigente en muchos sitios y en muchas épocas, incluidas el siglo XX, ya se consideraban una prenda masculina. Aún queda mucho por hacer en este sentido, claro, porque a día de hoy, en unos 60 países, generalmente de mayoría musulmana, hay restricciones de vestimenta para las mujeres. En Esuatini, anteriormente Suazilandia, un país de mayoría cristiana, se nos prohibió en 2012 llevar minifalda y enseñar el ombligo. Y en Occidente, bueno, tenemos aún mil ejemplos de códigos de vestimenta que nos discriminan en trabajos e instituciones.

Antes del feminismo, ninguna mujer tenía derecho a votar en unas elecciones. En Nueva Zelanda pudieron hacerlo en 1893, gracias a la campaña feminista liderada por Kate Sheppard. En España no votamos en unas elecciones parlamentarias hasta 1933, y en Arabia Saudí lograron el derecho a votar en 2015, aunque allí eso valga para poco. En el Vaticano todavía no votan las mujeres, y hay países como Uganda donde son corrientes los episodios de violencia contra las que intentan ejercer su derecho al voto.

Antes del feminismo, ninguna mujer podía divorciarse. Las revolucionarias francesas consiguieron en 1792 que se aprobase una ley de divorcio bastante igualitaria, pero aquello duró apenas una década. En España, Franco nos quitó ese derecho, conseguido gracias a las feministas en la Segunda República, y no lo recuperamos hasta 1981. Todavía hoy el divorcio es ilegal en Filipinas… y en más de 40 países hay leyes que permiten a los hombres repudiar a su mujer sin necesidad de ir a los tribunales, pero a las mujeres les ponen mil trabas para acceder al divorcio.  Entre esos países está uno que hay quienes insisten en vendernos como una fantástica democracia: Israel.  

Antes del feminismo, ninguna mujer podía hacer un montón de deportes. En 1896 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos, que se parecían mucho a los de la Grecia Antigua sobre todo en una cosa: que nosotras no podíamos participar. En 1967, Kathrine Switzer se coló en la Maratón de Boston y la persiguieron intentando expulsarla a empujones y tirones. En España, entre los años 40 y los 60, el franquismo prohibió el atletismo femenino por considerarlo “masculinizante”, y la Federación Inglesa de Fútbol no dejó jugar a las mujeres entre 1921 y 1970, a pesar de que antes de 1921 los partidos femeninos tenían mucho éxito. Qatar, Brunei y Arabia Saudí no dejaron participar a mujeres en los Juegos Olímpicos hasta el año 2012. Y, ahora, en el presente, tenemos a países legalizando la entrada de varones en la categoría femenina de todos los deportes. Fijaos qué fácil es involucionar. El feminismo siempre tiene que estar vigilante.

Antes del feminismo, ninguna mujer podía disponer de nuestros cuerpos y abortar legalmente y de manera segura. En la URSS, las rusas pudieron hacerlo ya en 1920, gracias a las feministas bolcheviques, aunque luego Stalin lo prohibió en 1933. En Cataluña se aprobó la ley del aborto más progresista de Europa en 1937, pero luego vino el franquismo y las españolas no pudimos volver a abortar legalmente hasta 1985. Cuesta vidas y vidas de mujeres conseguir un avance, y si no estamos atentas, en perderlo se tarda el tiempo que tarda un señor en firmar un papel. Todavía hoy hay más de una veintena de países donde abortar está totalmente prohibido, y más de 50 donde solo puede hacerse si se dan supuestos concretos como que haya riesgo para la salud de la embarazada. Además, la píldora del día después sólo es accesible sin prescripción médica en unos 90 países de los casi 200 que hay en el mundo. 

Antes del feminismo, ninguna mujer podía disponer de sus propios bienes ni tener una cuenta bancaria. Las españolas tuvieron que esperar hasta 1975 para poder abrirse una cuenta en el banco sin permiso del marido, y esa restricción todavía se da en países como Chad, Guinea-Bissau o Níger. Aunque somos más de la mitad de la población mundial, en 2018 sólo en 6 países del mundo había más cuentas bancarias de mujeres que de hombres, y en dos quintas partes de los países las mujeres sufrían todavía algún tipo de limitación en sus derechos de propiedad.

Antes del feminismo, cualquier mujer del mundo sufría malos tratos por parte de su marido sin que fuera considerado delito. Cualquier mujer podía ser violada por su marido sin que estuviera tipificado como violación. Hasta principios del siglo XIX, las leyes aceptaban implícitamente que pegar a una mujer era un derecho del marido, y todavía hoy hay más de 40 países sin leyes contra la violencia machista. Lo mismo ocurría con las violaciones. En la España franquista, si una mujer cometía adulterio, el marido podía matarla y solo se le ponía una pena de destierro. Si no la mataba o le dejaba secuelas demasiado graves, ni siquiera tenía pena. Si quedaba viva, tenía que ingresar en prisión por infiel. Si el infiel era el marido, no le pasaba nada. Es un hombre, ¿qué quieres? La violación marital no es tan lejana como el franquismo, ojo, en España, Francia o Reino Unido, la violación marital empezó a criminalizarse en los años 90. 

Antes del feminismo, las mujeres no podíamos viajar y movernos libremente. En España, durante la dictadura, necesitábamos el permiso de nuestro padre o marido para conseguir un pasaporte y poder ir al extranjero. Todavía hoy hay dos decenas de países, de mayoría musulmana, donde las mujeres no pueden moverse con libertad y necesitan la supervisión o el permiso de padres y maridos. Y en unos 30 países, una mujer casada tiene que irse a vivir donde decida su marido, algo que también pasaba aquí con Franco. Luego hay lugares, por ejemplo Qatar, donde si estás soltera y tienes menos de 30 años no puedes ni registrarte en un hotel. 

Antes del feminismo, ninguna mujer podía fumar un cigarrillo en público o beber lo que le diera la gana en un pub. Y no es que el machismo se preocupase por nuestra salud, claro, es que se consideraba poco femenino. Hay incluso leyes específicas, como la que prohibió fumar a las neoyorkinas en 1908, que no devana bonitas al ojo del hombre. Para otras bastó con la censura social. En el Reino Unido, una ley prohibía a las mujeres sin acompañantes masculinos pedir bebidas en la barra de un pub, esta ley subsistió hasta 1982. 

Antes del feminismo, ninguna mujer podía trabajar fuera de casa en España, y seguía siendo perfectamente legal que nos pagasen menos por el mismo curro. En España, hasta 1975, las mujeres casadas necesitaban un permiso del marido para trabajar, y en Suiza esa situación se mantuvo hasta 1984. Este tipo de restricciones existen todavía hoy en cerca de veinte países. Además, según el Foro Económico Mundial, en alrededor de 100 países se mantienen leyes que vetan algunas profesiones a las mujeres. En España, hasta 1966 las mujeres no pudieron acceder a cargos como el de jueza o fiscal. 

Antes del feminismo, ninguna mujer podía estudiar. En España, el acceso en condiciones de igualdad a la universidad solo se logró en 1910 y hasta la Segunda República no llegamos a ser el 10% del alumnado universitarios. No mucho antes, en la década de 1840, Concepción Arenal se había tenido que disfrazar de hombre para ir de oyenta a la Facultad de Derecho. A día de hoy, en Afganistán las niñas y mujeres tienen prohibido estudiar.

Antes del feminismo, las herencias siempre favorecían a los varones. De hecho, en la actualidad aún en más de 40 países los viudos, los hijos, o ambos, tienen más derechos a heredar que las viudas o las hijas. En muchos Estados occidentales, España inclusive, la igualdad en las herencias no se consiguió hasta el siglo XIX, y en algunos como el Reino Unido no llegó hasta principios del XX.

Antes del feminismo, cualquier mujer y niña podía ser obligada a casarse. Aún hoy, más de 100 países permiten los matrimonios de menores de edad bajo ciertas circunstancias, y en 37 países la edad mínima a la que pueden casarse las chicas es inferior a la edad mínima a la que puede casarse un hombre. Y podríamos seguir y seguir y seguir, pero creo que esto debería ser suficiente para convencer a ese % de jóvenes que dice en el CIS que el feminismo discrmina a los hombres.