Hace unas semana hablábamos de mujeres espías y hoy vamos a hablaros de aviadoras. No os descubro nada si os digo que el ser humano ha soñado con volar desde épocas muy antiguas. Ahí está por ejemplo la historia de Ícaro, en la mitología griega. La historia de los intentos humanos de volar es muy larga. Pero si tuviéramos que señalar solo dos grandes hitos, dos hitos que han marcado la conquista de los cielos, seguramente serían el primer vuelo tripulado en un globo aerostático, en 1783, en un globo patentado por los hermanos Montgolfier, y el primer vuelo a motor, el primer avión, vamos, más de un siglo después: en 1903. El avión fue un invento de los hermanos Wright, que mucho se habla de los hermanos varones pero tenían una hermana que contribuyó muchísimo a sus inventos: Katharine. Que además era sufragista. Luego que si la historia no entierra a mujeres, no, mujé no digas eso.
Ya estamos muy acostumbradas a ver aviones por todas partes. Pero os podéis imaginar el impacto social que tuvo la aviación cuando nació. Tenía algo casi mágico, y se convirtió en un ámbito con un cierto aura de leyenda, reservado a gente pionera, habilidosa y valiente hasta lo temerario… porque en los inicios de la aviación, volar era especialmente peligroso, claro. Un espacio además muy competitivo, sobre todo porque la aviación era un campo de nabos, y claro, os podéis imaginar: a ver quién vuela más alto, a ver quién vuela más lejos, más rápido. Y también muy popular, que pronto empezó a dar héroes mediáticos, que salían en la prensa, atraían fans, etcétera. Pensad por ejemplo cómo en la Primera Guerra Mundial, con toda su brutalidad, los combates aéreos tenían una especie de estatus “ romántico”, con los llamados “ases de la aviación” compitiendo entre ellos por ver quién derribaba más aviones enemigos, saliendo en la prensa y adquiriendo fama y reconocimiento.
Todo esto hacía que la aviación fuese un espacio en el que se sublimaban los valores asociados a la masculinidad. Valores que a su vez casaban muy mal con la idea tradicional de la feminidad y de la mujer. Así que las pioneras de la aviación fueron mujeres que desafiaron de forma muy directa los estereotipos de género. Ya en la etapa de los globos aerostáticos tenemos mujeres legendarias. La más famosa fue seguramente la francesa Sophie Blanchard, la primera que se dedicó profesionalmente a pilotar globos, a principios del siglo XIX, en la Francia de Napoleón. Murió en uno de sus espectáculos, en 1819, al incendiarse el globo en el que viajaba. Los parisinos hicieron una colecta con la intención de dar el dinero a sus hijos, y cuando se enteraron de que no le había sobrevivido ninguno, usaron la pasta para añadirle una escultura de un globo a su tumba, que se puede visitar en el cementerio de Père-Lachaise. En ella se lee: “Víctima de su arte y de su intrepidez”. Tócate el… eh? Anda que le iban a poner eso en la tumba a un aviador.
Otra aeronauta francesa muy conocida de esa época fue Jeanne Labrosse, a la que se considera la primera mujer en pilotar un globo aerostático y también la primera paracaidista: en 1799 hizo un descenso con paracaídas desde 900 metros de altura. Las francesas tuvieron también un protagonismo enorme como pioneras de la aviación a motor. Como pilotas de avión, vamos. El avión se inventó en 1903, y la primera mujer en obtener una licencia de pilota fue, en 1910, la parisina Raymonde de Laroche, a la que la prensa bautizó como “Baronesa de Laroche”. Erróneamente, por cierto, porque no era baronesa ni nada. Es probable que antes que ella ya hubiera pilotado un avión en solitario al menos otra francesa, Thérèse Peltier, en 1908, pero Raymonde de Laroche fue la primera pilota conocida. Batió distintos récords de altitud y distancia de vuelo, porque en esta época todo lo que tenía que ver con los aviones iba de retos y de récords, y falleció en 1919 en un accidente aéreo, cuando copilotaba un prototipo experimental.
Otra aviadora francesa con una biografía increíble fue Marie Marvingt. Esta señora era la reina de la pista pero totalmente, vamos. Fue campeona en un montón de deportes diferentes, desde el ciclismo hasta la natación, fue una destacadísima alpinista y algunos la consideran también la primera mujer pilota de combate: en 1915, en la Primera Guerra Mundial, participó en campañas de bombardeo aéreo sobre posiciones alemanas, como voluntaria, y fue condecorada por ello.
Junto a las pilotas francesas, pronto empezaron también a destacar en la aviación mujeres de los EEUU y de otros países europeos como Países Bajos, Bélgica, Alemania o Rusia. Hay muchísimos nombres y muchísimos hitos femeninos en toda esta primera etapa de la aviación, yo aquí solo repaso unos cuantos, claro. Por ejemplo, otra aviadora pionera fue la belga Hèlene Dutrieu, que además de batir diferentes récords fue seguramente la primera en derrotar a varios varones en una competición importante, en el año 1911. Y que tiene una biografía también que flipas: campeona de ciclismo -se la conocía como “la flecha humana”, enfermera y conductora de ambulancias durante la Primera Guerra Mundial…
Muy conocidas fueron también varias aviadoras estadounidenses. Harriet Quimby, que en 1912 se convirtió en la primera mujer en cruzar en avión el Canal de la Mancha. También Katherine Stinson, apodada “la colegiala voladora”, que fue la primera mujer en volar para el servicio postal estadounidense, en 1918. Y también podemos mencionar a Bessie Coleman, que en 1921 se convirtió en la primera persona negra y la primera nativa americana (tenía orígenes afroamericanos y cherokees) en tener una licencia de pilota.
La primera pilota acrobática de la historia fue una rusa: Lydia Zvereva. A ella se le reconoce haber sido la primera en realizar un “loop” durante una exhibición de vuelo, en 1914. Aunque quizá la primera pilota acrobática realmente profesional fuera otra estadounidense, Florence “Pancho” Barnes, que trabajó como pilota en pelis de Hollywood a principios de la década de 1930. El apodo de “Pancho” parece ser que venía de que fue brevemente prisionera de unos revolucionarios mexicanos durante un viaje de juventud.
Pancho Barnes fue miembra de las “Ninety-Nines (99s)”, una organización internacional de mujeres aviadoras fundada en 1929 y que sigue existiendo. Y la primera presidenta de esa organización fue la que es, sin duda, la aviadora más famosa de la historia: Amelia Earhardt. Fue la primera mujer en cruzar el Atlántico volando sola, en 1932. Una hazaña que, fijaos el machismo, amigas, hizo que se la empezase a conocer como “Lady Lindy”. ¿Y por qué? Pues porque cinco años antes que ella, otro piloto americano, Charles Lindbergh, apodado “Lindy”, había sido el primer hombre en cruzar el Atlántico volando solo. En todo caso, Amelia Earhardt fue una megaestrella en su época, estaba todo el día en la prensa y hasta escribía libros sobre sus experiencias que luego eran best sellers. Hasta que en 1937 desapareció cuando intentaba dar la vuelta al mundo en avión por la línea ecuatorial. Y esa desaparición hizo su leyenda todavía mayor. Han circulado muchas teorías sobre su desaparición, algunas conspiranoicas como que la hicieron prisionera los japoneses o que sobrevivió al accidente, regresó a los EEUU y se cambió de identidad. Lo más probable es que su avión cayese en el mar.
En cuanto a las primeras pilotas militares, ya hemos hablado de esa aviadora francesa que participó en la Primera Guerra Mundial, Marie Marvingt. También en la Primera Guerra Mundial hubo una rusa, Yevguenia Shajovskaya, que hizo misiones de reconocimiento para el zar. Pero la primera pilota que de verdad hizo carrera en el Ejército fue la turca Sabiha Gökçen, que igual os suena porque el segundo aeropuerto de Estambul lleva su nombre. Esta mujer se convirtió en el símbolo de la nueva Turquía prooccidental de la que os hablábamos en en el anterior podcast, y es aún una heroína allí. Su biografía es muy polémica, por otra parte, tanto por su participación en campañas brutales de bombardeos sobre los kurdos, en la década de 1930, como por las recientes investigaciones que han sugerido que quizá era de origen armenio, algo que ha molestado mucho a los ultranacionalistas turcos…
Y no se puede hablar de mujeres pilotas de combate sin hablar de la Segunda Guerra Mundial y de la Unión Soviética, que fue la pionera de verdad en esto. Allí, Marina Raskova, que era una aviadora muy reconocida, se convirtió en 1934 en la primera instructora de vuelo militar. Y cuando estalló la II Guerra Mundial, Raskova convenció a Stalin para crear tres regimientos de aviadoras, integrados enteramente por mujeres, a las que muchas veces formó ella personalmente. Algún día hablaremos de las mujeres en URSS, para hacernos la boca agua. Uno de esos regimientos, quizá el más conocido, fue el 588 Regimiento de Bombarderos Nocturnos, al que los alemanes llamaban las “Brujas de la Noche”. Entre los “ases de la aviación” de la II Guerra Mundial, es decir, entre aquellos pilotos con cinco o más aviones enemigos derribados en combates aéreos, hay solo dos mujeres y las dos eran soviéticas: Lidia Lytvyak y Ekaterina Budanova.
También soviética, por cierto, es Valentina Tereshkova, la primera mujer en ir al espacio, en 1963, aunque el melón de las cosmonautas lo vamos a dejar para esa introducción sobre mujeres en la URSS.
El Ejército de los EEUU llegó a tener también un servicio de mujeres pilota durante la II Guerra Mundial (Women Airforce Service Pilots, con el acrónimo “WASP”, avispa), que entrenaban y probaban aviones, pero sin llegar a entrar en combate. En la mayor parte de países, el acceso de las mujeres a puestos de pilotas de combate ha sido especialmente tardío. Hay que esperar hasta 1993 para que Jeannie Flynn se convierta en la primera pilota de caza de los EEUU, por ejemplo. Y en España ha tardado todavía más: Rosa María García-Malea, que ahora es comandante de la Patrulla Águila y ha participado en varias misiones internacionales, voló por primera vez un F-18 en el año 2007.
Y es que en España, en general, la incorporación de la mujer a la aviación fue más bien tardía. La primera mujer que obtuvo una licencia de pilota fue una noble, María Bernaldo de Quirós, en 1928. Es decir, casi 20 años después de que consiguiera su licencia la francesa Raymonde de Laroche. María Bernaldo de Quirós se convirtió en una figura pública a finales de los años 20, iba de gira por el país haciendo demostraciones de vuelo e intentando animar a otras mujeres a seguir sus pasos. Quizá más conocida que ella, de todas formas, fue Mari Pepa Colomer. Mari Pepa consiguió su licencia de vuelo en 1931 y en 1935 se convirtió en la primera instructora de vuelo española. Antes de eso había establecido ya algunos récords e hitos para la aviación femenina española. Por ejemplo, fue famoso su reto de aterrizar un zeppelín en el aeródromo de Barcelona, en 1932. Durante la guerra civil estuvo formando a pilotas para la aviación republicana y haciendo vuelos de abastecimiento y propaganda, y al acabar la guerra se marchó al exilio. Un papel muy parecido dentro de la aviación republicana lo tuvo su discípula y amiga Dolors Vives Rodón, a la que no podíamos dejar sin nombrar.
Y por último, en la aviación comercial también fue muy lenta la cosa. Hay alguna pionera muy temprana, como la estadounidense Helen Richey, que en 1934 se convirtió en la primera mujer en ser contratada como pilota por una aerolínea. Pero acabó renunciando poco después por las presiones de sus compañeros hombres y porque la aerolínea apenas le daba vuelos. En general, las aerolíneas tardaron muchísimo tiempo en contratar a mujeres como pilotas. En la España franquista, el reglamento prohibía a una mujer ser pilota comercial, y hasta que esa disposición no se cambió, en los años sesenta, no nos encontramos a la primera pilota de una aerolínea. Fue la madrileña de orígenes alemanes Bettina Kadner, que en 1969 empezó a pilotar aviones de pasajeros para la compañía Spantax, ya desaparecida (luego trabajó para Iberia). De ella se cuenta por ejemplo que tuvo que aguantar durante bastante tiempo las bromas machistas de sus compañeros por la radio, que le decían cosas como “Bettina, a la cocina”. Fue la única pilota de aviones de pasajeros en España durante casi una década, y una de las primeras en todo el mundo, ojo. Tened en cuenta que por ejemplo la primera mujer pilota de American Airlines fue Bonnie Tiburzi, en 1973, y que British Airways no tuvo una mujer pilota hasta 1987 (Lynn Barton). A día de hoy, el SEPLA (el sindicato de pilotas de España) tiene alrededor de 300 mujeres afiliadas frente a 6.000 varones.
El mundo de la aviación comercial ha estado siempre particularmente impregnado de machismo. El papel que se nos reservaba a las mujeres era el de ser azafatas. Y precisamente porque son mujeres el papel de una TCP, que es como realmente se llaman las azafatas, siglas de tripulante de cabina de pasajeros, pues están obligadas a maquillarse, siendo más importante su sonrisa que su trabajo real, que no es poner cocacolas sino mantener segura la cabina de pasaje. Pero aquí, como ex azafata que soy, me podría enrollar 3 horas porque hace años que no vuelo pero el cabreo no se me ha ido. Y es que hemos hablado de mujeres pilotas, pero podríamos hacerlo también, por ejemplo, de la lucha de las azafatas por acabar con el sexismo, que ha sido siempre muy fuerte pero en los EEUU en las décadas de los 60 y 70 era ya pa estrellarse. Porque por aquel entonces, entre los muchos requisitos que se exigían a las azafatas, que eran constantemente cosificadas, estaba por ejemplo el hecho de que se las retiraba del servicio a los 32 años. Mejor hacemos esta introducción sobre las mujeres en la URSS, para venirnos arriba.
BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS