La introducción de hoy, como os decía, es sobre las mujeres en la masonería, que es un tema que nos sugirió una oyenta y nos pareció interesante. Porque ¿qué sabemos sobre la masonería? Nos suena eso a sociedad secreta y poco más. Y esa idea, ya para empezar, no es muy correcta. En los países que se denominan «democráticos», en España, por ejemplo, las organizaciones masónicas están registradas como cualquier otra y sus cargos directivos y sedes están identificados. En otros sitios y en otros momentos de la historia en los que la masonería ha estado perseguida, sí que ha sido clandestina y secreta, claro. En general, podemos decir que más que sociedades secretas son sociedades discretas, porque sí es cierto que sus actividades concretas y su funcionamiento pues solo lo conocen bien los que están ahí metidos.
En inglés y en francés, la palabra mason/maçon significa constructor. Y es que el origen de la masonería es ese, el mundo de la construcción. Particularmente el de la construcción de catedrales en la Edad Media. Los constructores de catedrales eran personas que manejaban conocimientos especializados que se transmitían entre maestros y aprendices, a veces con bastante secretismo porque podían entrar en conflicto con la doctrina de la Iglesia. Los gremios de constructores se reunían en las llamadas logias masónicas, y allí intercambiaban ideas y formaban a los aprendices. Era un mundo muy masculino, claro. Alguna mujer parece que de forma excepcional pudo participar en la construcción de catedrales, pero no era lo normal.
A partir del siglo XVII, algunas logias empezaron a admitir a miembros honoríficos, que no se dedicaban a la construcción pero estaban interesados en los conocimientos y los ritos masónicos. Y un siglo después, a principios del siglo XVIII, nació ya la masonería que conocemos, que a veces se denomina “masonería especulativa”, porque ya está desvinculada del mundo de la construcción. Mantiene nombres, ritos y símbolos que remiten a ese mundo, pero su finalidad ya es solo debatir, reflexionar, intercambiar conocimientos e intentar mejorar la sociedad con esos conocimientos. En inglés, a los masones especulativos se les llama “free-masons”, para diferenciarlos de los constructores. Pero en castellano, masón y francmasón son sinónimos.
La primera gran logia especulativa se creó en Londres en 1717, y en 1723 se publicaron las llamadas Constituciones de Anderson, una especie de reglamento donde se recogen los ritos, los deberes de los masones, etc. En ese documento se especifica que solo podían ser masones los hombres libres, y a eso se agarran algunas obediencias masónicas para prohibir la presencia de mujeres incluso a día de hoy. Las obediencias masónicas son, para entendernos, como las grandes organizaciones masónicas, de las que luego dependen diferentes logias en una estructura de tipo federal. En el siglo XVIII se fundaron dos de las más importantes, que siguen existiendo hoy. La Gran Logia Unida de Inglaterra, la creada en 1717, y el Gran Oriente de Francia, que existe desde 1728. Ambas están hoy implantadas en mogollón de países. Y fijaos: la primera, la inglesa, no acepta todavía hoy a las mujeres. Y el Gran Oriente de Francia solo desde el año 2010. Todo esto teniendo en cuenta que la masonería se considera progresista y avanzada a su tiempo. Pero la historia de las mujeres y la masonería tiene más miga que esto, claro, si no ¿de qué íbamos nosotras a hablar de esto?
Hay quien dice que la primera masona fue una irlandesa llamada Elizabeth Aldworth, que teóricamente fue iniciada a principios del siglo XVIII en una logia a la que pertenecían su padre y su marido, después de haber presenciado a hurtadillas una reunión de masones. Pero es algo que no está bien documentado. La historia de la masonería femenina arranca más bien en Francia, y para contarla tenemos que situarnos primero en la década de 1730. Entonces encontramos a mujeres que empezaron a interesarse por el mundo de la masonería. Y como las logias les estaban vetadas, empezaron a crear sus propias asociaciones y clubes, tratando a veces de imitar los ritos y liturgias que tenían los masones. Así aparecieron asociaciones como el Soberano Consejo de la Sabiduría, en 1737, o la Orden de la Felicidad, en 1742. Algunas eran solo femeninas y otras eran mixtas. Tampoco faltaron algunas sociedades femeninas de ese tipo que, realmente, más que intentar imitar la masonería, la parodiaban, y tenían ritos de iniciación en plan burla y cachondeo.
Ese tipo de sociedades que os comento no tenían vínculos oficiales con la masonería auténtica. Pero entre 1760 y 1770, la Gran Logia de Francia, que desde 1773 pasó a llamarse Gran Oriente de Francia, sí comenzó a apadrinar, por decirlo así, sociedades de mujeres a las que se empezó a denominar “logias de adopción”. Esas logias de mujeres estaban tuteladas y supeditadas a la masonería masculina. Eran una especie de sucursales de menor nivel. No tenían los mismos rituales que las logias masculinas, y además las mujeres solo podían ascender una serie de grados en la masonería, no podían llegar a los grados más altos ni entrar en los órganos directivos y con poder de decisión dentro de la masonería.
Las logias de adopción se extendieron desde Francia a otros países, sobre todo ya durante el siglo XIX. Y cuando se habla de mujeres históricas importantes que fueron masonas, generalmente fueron miembras de ese tipo de logias de adopción. En las primeras logias de adopción francesas estuvieron metidas mujeres de la alta nobleza, burguesas cultas y también, sobre todo ya desde la época de la revolución francesa, algunas mujeres de clase obrera. Por ejemplo, se dice que fue masona Olympe de Gouges, la autora de la “Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana”. También lo fue Théroigne de Méricourt, una activista revolucionaria que intentó que las mujeres tuvieran el derecho a armarse y a luchar militarmente para defender la revolución. O la intelectual Sophie de Condorcet, por daros otro nombre. De todas formas, como la masonería estaba rodeada de secretismo, a veces no hay pruebas 100% fiables de la militancia de algunas personas. Por traer también un poco de doble moral a esta intro, una personaja de la que se dice que fue masona pero que al mismo tiempo persiguió la masonería en Rusia es Catalina la Grande.
En España, las masonas más famosas también pertenecieron a ese tipo de logias de adopción. Mujeres como Concepción Arenal, la gran impulsora de la educación de la mujer en nuestro país o como la periodista y sufragista Carmen de Burgos, que fue además una de las grandes defensoras de la legalización del divorcio. Y otras muchas figuras del feminismo español del último tercio del siglo XIX y del primer tercio del XX: Rosario de Acuña, Ángeles de Ayala, Teresa Claramunt, Clara Campoamor, Victoria Kent, Hildegart Rodríguez… Muchas, vaya. Aunque pertenecían a esas logias de adopción, de menos nivel y supeditadas a las masculinas, su presencia en las estructuras masónicas era importante. Al final, eran espacios donde mujeres cultas de la época que más o menos compartían valores e inquietudes, debatían, intercambiaban ideas y diseñaban proyectos. Proyectos que muchas veces iban dirigidos a mejorar las posibilidades de las mujeres en el mundo educativo, laboral o político.
El hecho de estar relacionadas con la masonería masculina, aunque fuese en una situación de dependencia, les abría cauces para tratar de sacar adelante esos proyectos. Porque a la masonería masculina pertenecían en aquella época, en España, hombres con mucho poder político, social y económico. O sea, las mujeres, prima, como siempre en la historia, buscándonos la vida para influir en algo dentro de las estructuras patriarcales de la sociedad.
De todas formas, aunque las logias de adopción siguieran siendo el lugar más normal para la militancia masónica femenina a principios del siglo XX, hay que decir que en 1893, y de nuevo en Francia, se había fundado ya una obediencia masónica mixta e igualitaria llamada “Le Droit Humain”, El Derecho Humano. Que sigue existiendo y tiene actualmente más de 30.000 miembros repartidos en logias de 60 países. La cofundadora de esa orden masónica fue la escritora y sufragista Maria Deraismes, y por ejemplo la que implantó esa obediencia masónica en Inglaterra fue otra feminista muy conocida, la teósofa Annie Besant. Francia, como os decimos, es el gran país pionero de la masonería femenina, y de hecho podríamos estar hablando aquí sólo de masonas francesas la tira. Nos saldrían desde la educadora y revolucionaria anarquista Louise Michel hasta la ministra que legalizó el aborto, Simone Veil.
Pero como no tenemos tanto tiempo, te voy a contar ya lo último que quiero mencionar, y es que, en 1952, y otra vez en Francia, se creó la primera obediencia masónica exclusivamente femenina, la Gran Logia Femenina de Francia. Que realmente surgió a partir de logias de adopción que se independizaron de sus vínculos con las logias masculinas, por así decirlo. Sigue existiendo hoy, se ha extendido por varios países y se calcula que tiene unas 14.000 miembras. Esa Gran Logia Femenina de Francia empezó a intentar implantarse en España tras el final del Franquismo. Porque durante la dictadura ya sabéis que se represalió a la masonería a saco. Y en 1984 se consiguió poner en marcha una logia en Barcelona, a la que luego le siguieron otras hasta que, ya en 2005, se creó la Gran Logia Femenina de España, que agrupa a una docena de logias femeninas y dice tener entre sus principales objetivos la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, pero rechazan el término feminismo, entonces, pues qué sé yo, amigas.
No me voy sin deciros que la mayor organización masónica en España hoy es la Gran Logia de España, formada solo por hombres (que se hacen llamar “venerables maestros”). Las mujeres estamos prohibidas. Sí, amigas, prohibidas. Y, ojo, El Gran Maestro (es decir, el presidente de La Gran Logia) es un senador del PSOE, Txema Oleaga. Venerable maestro el Chema. Y, bueno, voy a abstenerme de comentar nada, no hace falta, estoy pensando lo mismo que vosotras.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS