Síndrome de la impostora

Síndrome de la impostora:

Desde niñas, llevamos en nuestra espalda el peso aplastante de unas expectativas imposibles de conseguir. Va en el pack de cosas que nos regalan al nacer con vulva. La sociedad nos inculca la obligación casi moral de ser perfectas en todos los sentidos, criticándonos muy duramente cuando no lo conseguimos. Esto nos afecta a todas, porque las expectativas son imposibles para cada una de nosotras.

Un estudio de las universidades de Nueva York, Illinois y Princeton revela que las niñas empiezan a creer que son menos brillantes que los niños a partir de los seis años. Las expectativas sociales empiezan pronto a moldear nuestra percepción de nosotras mismas, forzándonos a ser mejores aún, porque por más buenas que seamos, no somos tan buenas como deberíamos.

En el ámbito académico y profesional, hemos tenido también que luchar el triple para demostrar nuestra valía. Todo esto mientras seguimos cargando con el peso de los cuidados, las tareas del hogar y la abrumadora carga mental que todo ello supone. Pero es que, encima, no vale con hacerlo simplemente o hacerlo bien, no, tu desempeño tiene que ser incomparable. Por eso las estudiantes siempre tienen mejores notas que sus compañeros varones en cualquier ámbito.

La autoexigencia desmedida, el miedo a decepcionar(nos) y la tendencia al perfeccionismo nos persiguen toda la vida. Nos preguntamos constantemente: ¿Lo conseguí por mérito propio o solo tuve suerte?, ¿merecía este puesto/esta nota/este éxito otra persona que no soy yo?, ¿se darán cuenta de que soy una farsante y me echarán de donde estoy/me quitarán el título de?

Ante el más mínimo error, nuestro mayor miedo se confirma:

No soy suficiente.

No soy válida.

No soy capaz.

Esto nos lleva al autosabotaje o, directamente, a abandonar para evitar sufrir el síndrome.

Ser conscientes de las causas del síndrome de la impostora es el primer paso para romper este círculo vicioso.

Aprender a celebrar nuestros logros, aceptar nuestros éxitos y asumir nuestros méritos nos permite reconstruir una autoestima que nunca debió ser minada. Entender que no estás sola y que somos todas (en nayor o menor medida) quienes nos sentimos impostoras, también ayuda a aceptar que hemos sido boicoteadas desde siempre para que no lleguemos a ningún sitio y nos quedemos en el ámbito de lo privado, fuera del espacio público, que es lo que el patriarcado busca.

 

No eres una impostora.

Eres capaz.

Eres válida.

Te has currado estar donde estás.

Muy probablemente deberías estar aún más arriba.

Estadísticamente, hay varios hombres por encima de ti que no merecen su puesto, simplemente no sufren por ello.