Gordofobia

¿Qué es la gordofobia?

La gordofobia es la discriminación y el maltrato que sufren las personas gordas por el hecho de serlo. Es un fenómeno profundamente atravesado por el patriarcado, por eso lo sufren especialmente las mujeres. 

¿Por qué existe?

Es parte del sistema patriarcal, que aplica un control férreo sobre el cuerpo de las mujeres de múltiples maneras, forzándonos a cumplir con los mandatos de belleza de cada época. Es un método de control porque mientras estamos preocupadas por cómo lucimos no estamos pensando en cómo liberarnos.

No es solo odio

La gordofobia no se limita al rechazo explícito. También es:

 — Creer que una persona gorda no cuida su salud.
— Pensar que lo es por falta de voluntad.
— Sentir pánico a engordar porque eso te hará menos válida.
— No soportar que una mujer gorda se muestre feliz y sin complejos.

Una construcción cambiante

La gordura no es un hecho médico medible: es una percepción que cambia con la sociedad y con la época. Gordura no siempre es sinónimo de obesidad. De hecho, un hombre necesita muchos más kilos que una mujer para ser catalogado socialmente como “gordo”. Hoy, como desde hace décadas, ser gorda es sinónimo de “defectuosa”. Y lo defectuoso se margina, se desprecia y se atosiga hasta que la propia afectada se odia a sí misma también.

Mujeres consumibles o no consumibles

Una mujer gorda no encaja en el canon patriarcal de las sociedades occidentales en esta época, por lo que no es consumible por el público masculino. No entrar en los cánones de la mirada masculina conlleva siempre problemas:

— Menor acceso a empleos, sobre todo en puestos de atención al público. Las mujeres gordas no son consideradas una “buena imagen” para una empresa.  

— Peor atención sanitaria: muchas veces sus síntomas se atribuyen al peso, sin pruebas ni escucha real. Se les recomienda adelgazar antes incluso de saber qué les ocurre.  

— Mayor vulnerabilidad a la violencia obstétrica, con médicos que juzgan sus cuerpos o les niegan opciones durante el embarazo o el parto. (se abre en una pestaña nueva) 

— Mayor vulnerabilidad a la violencia obstétrica, con médicos que juzgan sus cuerpos o les niegan opciones durante el embarazo o el parto.  

— Rechazo afectivo y sexual, disfrazado de “preferencias personales” que en realidad son reflejo de la gordofobia cultural interiorizada.  

— Hipersexualización o fetichización, cuando sí hay deseo, este muchas veces es misoginia disfrazada de preferencia, no se manifiesta en público, y se vive como algo vergonzante o clandestino.  

— Comentarios y juicios constantes sobre su cuerpo, alimentación y hábitos, incluso por parte de desconocidos que sienten que también tienen derecho a opinar.  

— Vergüenza inculcada desde la infancia, que deriva en las mujeres gordas en una relación conflictiva con la comida, el cuerpo y la autoestima. 

El borrado de las mujeres gordas

No basta con discriminar a las mujeres gordas: también se las borra. Se las borra de la representación, del deseo, de la visibilidad y del relato. Y ese borrado no es casual: es funcional al patriarcado.

— Borradas del deseo:

Las mujeres gordas no son presentadas como sujetas deseantes ni como cuerpos deseables. Se nos enseña que el deseo sólo puede existir en cuerpos que encajan en el canon. El amor, el sexo y el erotismo no están pensados para las mujeres gordas. Y si lo están, es desde el fetiche o la vergüenza.

— Borradas del relato:

Las protagonistas de películas, series y novelas no son gordas. Y, cuando lo son, su historia gira en torno a que son gordas, a adelgazar, sufrir o “aprender a quererse”. No hay historias en las que simplemente vivan. Solo están para redimirse o hacerse invisibles.

— Borradas de la moda:

La ropa bonita no está pensada para mujeres gordas. Las tallas desaparecen, las prendas se esconden al fondo o se fabrican en cortes que no siguen la tendencia. Como si ser gorda implicara renunciar a tener estilo, a gustarse, a existir en público.

¿De verdad es por salud?

La gordofobia se disfraza muchas veces de “preocupación por la salud”. Es solo una excusa, nunca se preocupan tanto por la salud de los hombres como por la nuestra cuando de gordura se trata. Las mujeres gordas saben perfectamente diferenciar quién se preocupa por ellas y quiénes, simplemente, están presionándolas para que adelgacen.

Sabemos que la gordofobia provoca depresión, ansiedad, trastornos alimentarios y daño físico real. La presión sobre el cuerpo de las mujeres gordas solo empeora estas consecuencias.

El feminismo ha señalado que nuestros cuerpos no son errores, ni deben encajar para ser respetados. Ha convertido la culpa en conciencia, y la vergüenza en política.

Cada vez que una mujer gorda se muestra sin pedir perdón, el patriarcado se tambalea.

Porque no hay cuerpo más peligroso que el de una mujer que ya no quiere agradar.