El mito del amor romántico es un conjunto de creencias (y muchas expectativas) extremadamente idealizadas sobre qué es el amor verdadero y las relaciones sentimentales. Está profundamente enraizado en la cultura (que ya sabemos patriarcal), y por eso nos lo encontramos en cualquier tipo de contenido: desde obras de teatro hasta telenovelas, pasando por canciones de todos los géneros musicales, óperas, refranes populares, libros de cualquier temática y año…
Estos contenidos, que reproducen dicho mito con más éxito y aceptación casi que el mismo cristianismo en sus buenos tiempos, atraviesan la vida de niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultas y adultos, educándonos en una concepción del amor impostada y perjudicial, sobre todo, para nosotras.
¿Por qué es perjudicial? (Y sobre todo para niñas y mujeres)
Porque, aun siendo cierto que el mito del amor romántico genera expectativas en todas y todos, la violencia solo va en una dirección: de ellos hacia nosotras. No solo nos dicen qué es el amor verdadero sino cuál es el rol a seguir en las relaciones si eres chico o chica, mujer u hombre. Y nos lo inculcan desde tan niñas, que aun cuando no tenemos idea de qué va el mundo, nos queda claro que la Bestia es una muy buena opción como pareja sentimental, a pesar de que secuestra a Bella, la amenaza y la maltrata. El mensaje siempre es el mismo: si te conviertes en la paciente, bondadosa y hacendosa Bella, el mayor de los monstruos se convertirá en un príncipe azul.
La realidad sigue su camino, ajena a las historias que nos metieron en vena, y lo cierto es que ninguna mujer ha conseguido jamás que un maltratador deje de serlo. Los hombres, en general, te van a exigir que seas esa delicada princesa que sonríe, atiende, perdona y… lava, sobre todo, va a esperar que laves mucho. Lo tuyo, lo común y también lo suyo.
No había muchos más modelos que éste en la cultura (con ligeras variaciones, ninguna buena) si hablamos de relaciones amorosas, pero en los últimos años, gracias al auge del feminismo, comienzan a popularizarse contenidos donde las protagonistas no son delicadas princesas con cinturas de avispa que necesitan ser rescatadas por un varón, sino niñas y mujeres normales y corrientes, reales; personas autónomas que saben salvarse a sí mismas. Empieza a proliferar todo tipo de libros, dibus, pelis… con niñas, adolescentes y mujeres mucho más terrenales, fuertes, resistentes y más asemejadas a la realidad.
El mito del amor romántico nos afecta a todas, pero también el feminismo ha llamado a nuestra puerta para señalarnos que ni somos princesas ni necesitamos ser rescatadas, que ni nosotras ni nuestras amigas tienen esas personalidades infantiles en cuerpos imposibles: no esperamos a ningún príncipe, mucho menos esperamos a una bestia. Ya no creemos que nuestra vida sea una sala de espera eterna y, el príncipe, nuestro ticket para salir de ella.
Decía Simone de Beauvoir: “El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”.