Lenguaje no sexista VS. Lenguaje inclusivo
El lenguaje no sexista es el que tiene como objetivo nombrar a las mujeres y revertir la tendencia culturalmente impuesta de invisibilizar su presencia y sus logros, aniquilando su existencia simbólica y cercenando los derechos a conocer sus aportaciones a la historia y a tener referentes.
Qué bonito queda así dicho ¿verdad? Más claro: el lenguaje no sexista es el que hace que quien nos lee, nos escucha o nos mira, en el caso de la lengua de signos, tenga clarísimo que nos referimos a mujeres sin tener que hacer ninguna pregunta adicional y que, además, las consideramos plenamente humanas y no las situamos en posición de inferioridad respecto de los hombres.
Por ejemplo, evitamos el sexismo lingüístico cuando decimos «evolución humana» en lugar de «evolución del hombre», pero también cuando decimos solo «las conductoras de autobús» en lugar de «las mujeres conductoras de autobús» porque, rara vez decimos «los hombres conductores de autobús» ¿verdad?
El lenguaje inclusivo tiene como objetivo visibilizar y evitar la subordinación lingüística de colectivos que han sido muchas veces nombrados, pero de forma discriminadora, peyorativa o excluyente y, a la vez, permitir ser conscientes de discriminaciones que antes pasaban desapercibidas (por edad, discapacidad, religión, rasgos físicos, orientación sexual, religión, procedencia u otras).
Como al decir «persona con discapacidad» en lugar de «minusválida» o «minusválido».
Y fíjate que he dicho «de colectivos» y no de «otros colectivos», porque las mujeres no lo somos.
La diferencia de uno y otro con el lenguaje políticamente correcto (con el que, erróneamente se confunden) radica en que este último cambia la forma de nombrar lo que ya se nombraba, pero no evita, necesariamente, la discriminación. Se dice de otro modo, pero se sigue discriminando. Como cuando llaman a un «despido masivo» «recortes de personal». Te quedas en la calle igual, pero les suena mejor.
Todas las lenguas son discriminatorias en sus formas peculiares. Cuando comparamos otros idiomas con el español nos parecen menos sexistas o más inclusivos porque buscamos el sexismo y la discriminación en los mismos lugares en que están en nuestra lengua: en el masculino genérico, el orden gramatical que da preeminencia al masculino, la necesidad de concordar en masculino si aparece un solo masculino en la enumeración…
Da igual el mecanismo usado para discriminar y/o invisibilizar, lo que hay que buscar es el resultado:
¿Hay invisibilización?
¿Se produce androcentrismo o preeminencia de los marcos conceptuales culturalmente hegemónicos (capacitismo, heterosexualidad normativa, religión mayoritaria, clase, origen étnico o racial)?
¿Hay subordinación de un grupo sobre otro?
Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es afirmativa, hay discriminación.
Colaboración con María Martín (se abre en una pestaña nueva)