El trabajo reproductivo es un conjunto de tareas completamente imprescindibles para la reproducción de la vida humana y social. Suelen estar invisibilizadas, no remuneradas ni reconocidas en el binomio capitalismo-patriarcado.
Se refiere a actividades como el cuidado de la infancia, personas mayores o dependientes; las tareas domésticas (limpieza, cocina, mantenimiento del hogar); el acompañamiento emocional y afectivo; la gestión de la salud y el sostén del tejido afectivo familiar, entre otras muchas tareas.
El trabajo reproductivo es esencial para que las personas puedan vivir, crecer y trabajar, siendo en sí mismo la base material de toda economía. El matrimonio bien avenido que conforman capitalismo y patriarcado lo devalúa ante la sociedad, adjudicándole algo que durante siglos ni se discutió: es solo el “rol natural femenino”.
Se genera entonces la llamada “división sexual del trabajo”, por la que se asigna este peso casi en exclusiva a las mujeres, liberando a los hombres para la “producción” y el ocio. Esta carga desigual, donde ellos tienen entretenimientos y tiempo, y ellas no descansan nunca, ni en vacaciones; donde ellos cobran un salario, cotizan y se pueden jubilar, mientras ellas tienen sus funciones intactas hasta que quedan impedidas o mueren, refuerza la desigualdad material, simbólica y política entre mujeres y hombres.
Desmantelar esta opresión exige:
Porque parir es biología, pero ser la única en casa que se sabe la talla de pantalones de la niña… es género.