Heterosexualidad obligatoria

¿Qué es la heterosexualidad obligatoria?


Es el sistema que impone que las mujeres deseen, amen y se vinculen con hombres. No como una opción, sino como la única posibilidad legítima.

Se trata de un régimen social y político que convierte la heterosexualidad en norma, y todo lo demás —el amor entre mujeres, el deseo no dirigido a hombres o la no pareja— en anomalía, error o amenaza.

La heterosexualidad obligatoria siempre ha sido una herramienta del patriarcado para que sigamos deseando, cuidando y viviendo para los hombres.

 

Desde la infancia

Desde la cuna, aprendemos que lo “normal” es enamorarse de un chico. Absolutamente todo el contenido que consumimos nos dice que, siendo niñas, debemos desear a los varones. No hay referencias, alternativas, no hay lugar para explorar o imaginar una sexualidad que no sea la de sentir fuegos artificiales por un príncipe azul, que nos aseguran que debemos buscar sin descanso.

En los cuentos, las pelis, los anuncios: siempre hay príncipe. Nunca hay otra niña. Ni siquiera la opción de estar sola. Así crecemos, con este bombardeo sin descanso sobre nuestra sexualidad y nuestra forma de vida futura.

 

Educación heteronormativa en cada rincón

No solo se nos educa para prepararnos física y emocionalmente para gustar a los chicos y, más tarde, a los hombres, sino que ya desde los juguetes que regalan nos predisponen a que nuestra vida giren en torno a los cuidados: carritos de bebés, cocinitas, etc. No solo interiorizamos que debemos cuidar a la prole, también a ese príncipe azul que, además, posee necesidades más importantes que las nuestras.

A lo largo de la historia, muchas mujeres acaban relacionándose con hombres sin sentir deseo. Lo hacen porque creen que deben hacerlo. Más tarde se casan con ellos porque es lo que toca. Finalmente son mamás, porque es el siguiente paso que la sociedad, imbuida en el sistema patriarcal, les ha repetido que hay que dar.


La lesbiana es corregida:

— “Eso es una fase.”
— “Aún no has encontrado al hombre adecuado.”
La bisexualidad es tratada como vicio o indecisión.
El deseo femenino, si no está orientado exclusivamente hacia los hombres, siempre es cuestionado.


El feminismo de la segunda ola comenzó a cuestionar y señalar que la función de la heterosexualidad obligatoria es garantizar que las mujeres sigan siendo madres, parejas, cuidadoras. 

La heterosexualidad obligatoria una estructura política, no una elección personal que se haga desde la libertad. Sencillamente, las niñas crecen en sociedades donde no se les muestra ninguna alternativa a la heterosexualidad, por lo que millones en todo el mundo viven su lesbianismo o bisexualidad como un crimen, como una perversión o como una desviación. Una anormalidad que esconden por miedo a no encajar, a ser rechazadas por sus pares o a decepcionar a su entorno.

 

Pero el paradigma empezó a cambiar 

Las mujeres lesbianas y bisexuales feministas pusieron el mundo patas arriba. Se enfrentaron al mundo y cuestionaron el mandato de desear a los hombres, de vivir para ellos, para finalmente reeducar a las sociedades y ofrecerles, no solo referentes, también redes, discursos, pensamiento y cultura. 

Abrieron la puerta para que las demás dejaran de vivirse como un error. Esa puerta ya no puede cerrarse.