La vulva es la zona genital externa de las mujeres: la parte de nuestro cuerpo implicada en la mayoría de funciones sexuales, excepto en la reproducción. A través de ella sentimos placer, segregamos fluidos, menstruamos, parimos y orinamos. No es un órgano, como el clítoris, sino un conjunto de partes: el monte vulvar, los labios externos e internos, el clítoris, la uretra rodeada de orificios prostáticos, la entrada vaginal, las glándulas lubricatorias y otros orificios aún poco estudiados que probablemente segreguen moco para mantener la humedad. A pesar de ser el centro de tantas funciones, la ciencia sigue sin conocerla del todo.
Es sistemáticamente tergiversada. Por un lado, cuando no se usa un nombre de un animalito del mar u otra palabra chochil, suelen hablarnos de ella llamándola ‘vagina’, que es como si llamáramos “boca” a la cara o “escroto” al pene.
Por otro lado, las imágenes que circulan suelen mutilar la vulva: reducen el clítoris a un simple glande, cuando en realidad ocupa alrededor de ¡un tercio! de la vulva. Su estudio, además, se ha centrado más en patologías y cirugías mutilatorias que en comprender su anatomía y funcionamiento, lo que explica que muchos de sus orificios ni siquiera aparezcan en manuales médicos.
Sí sabemos, sin embargo, dos cosas fundamentales:
Si nos lo queremos pasar bien solas o acompañadas, necesitamos estimularla en su totalidad, especialmente al equipazo que hacen el clítoris y los labios internos. Pretender que una mujer goce ignorando su vulva es tan absurdo como creer que un hombre disfrutaría si se dedicaran únicamente a estimularle los testículos sin tocarle el pene.
¡EL PLACER DE LAS MUJERES NECESITA DE LA VULVA, NO DE LA VAGINA!
Colaboración con @Vivalavulvaylavida (se abre en una pestaña nueva)