Mujeres espías

Hoy vamos a dedicar los primeros minutos del programa, no a un país, que no toca esta semana, sino a un tema un poco diferente, que nos parece interesante y curioso y nos apetecía traeros por aquí. Vamos a hablar de mujeres en el mundo del espionaje, de mujeres espías, vamos. Se habla poco de lo que nosotras pensamos y trabajamos para traeros sorpresas, para cultivar vuestro jardín intelectual. Nah, qué va, sí que lo decimos mogollón, to lo que trabajamos jajaja

 

Bueno, amigas, pues el espionaje, como os podéis imaginar, es más viejo que el comer. Desde que existen estados y conflictos ha habido espionaje y ha habido espías. Gente que intenta obtener información confidencial, infiltrándose o chantajeando o sobornando… O gente que se ocupa de transmitir información falsa para confundir al enemigo, también. La información es poder, y como todo lo que tiene que ver con el poder, se hace y deshace lo que haga falta para conseguirlo. 

 

Otra cosa son los servicios de inteligencia ya bien organizados y demás. Esto es algo que empezó a aparecer en la Edad Media, muchas veces vinculado a los cuerpos diplomáticos de los países, y que luego pues ya se fueron haciendo cada vez más importantes y autónomos. El momento clave en lo que se refiere al desarrollo de los servicios de inteligencia modernos fue toda la etapa de las dos guerras mundiales y de la guerra fría. Además, las labores de inteligencia se han ido diversificando mucho con el tiempo: al principio estaban muy centradas en lo militar, pero ahora ya llegan a todas partes y a todos los ámbitos. 

 

El del espionaje ha sido tradicionalmente, ya ves tú qué sorpresa, un ámbito muy masculinizado. Y, por lo tanto, muy machista. Las mujeres eran activos a las que se utilizaba como informadoras, por ejemplo, pero normalmente siempre en posiciones muy subalternas, fuera de los servicios de inteligencia como tal. O, si estaban dentro de esos servicios, pues era como secretarias o en tareas burocráticas. Sirva como ejemplo que en el actual CNI, que hasta 2002 se llamaba CESID, no hubo mujeres en misiones de inteligencia o contrainteligencia hasta bien entrada la década de 1980. Pero a pesar de eso, si rebuscamos un poco, resulta que en el mundo del espionaje ha habido bastantes mujeres extraordinarias que han tenido un papel relevante en la historia. Que sepamos, claro. Que habrá habido muchísimas más, porque de todo esto del espionaje en general se sabe poco, por motivos evidentes…

 

Se suele decir que la primera espía de la historia cuyo nombre se conoce fue “Rahab”, que aparece en la Biblia y supuestamente ayudó a los israelitas a tomar la ciudad de Jericó. Pero nosotras no vamos a irnos tan atrás en el tiempo ni vamos a fiarnos de fuentes como la Biblia. Era por daros el dato curioso. 

 

Mucho más reales y actuales son varias espías muy famosas de los EEUU de los siglos XVIII y XIX. Podemos mencionar a la llamada “Agente 355”, cuyo nombre real no se conoce, que formaba parte del círculo de espías que montó George Washington en la guerra de independencia contra los ingleses. Sin irnos de los EEUU, otro nombre imprescindible es el de Harriet Tubman, una feminista afroamericana del siglo XIX que escapó de la esclavitud y se dedicó a hacer misiones encubiertas para ayudar a huir a esclavos de los estados sureños, a través de una red antiesclavista clandestina conocida como “el ferrocarril subterráneo”. Hay varios libros que hablan de ella, os dejaremos en la web los que han escrito otras mujeres. 

 

Y otro caso importante en el mundo del espionaje es el de Rose O´Neal, una mujer de la alta sociedad de Washington que, en la guerra civil de los EEUU, en el siglo XIX, se dedicaba a conseguir secretos militares en los círculos de gente influyente en los que ella se movía, para pasárselos a los confederados, vamos: a los estados esclavistas del sur. Pero vámonos ya al siglo XX, que os decía antes que es la época clave del espionaje moderno… Y vamos a venirnos a Europa. 

 

Cuando se habla de mujer espía, siempre nos suele venir a la cabeza el mismo nombre: Mata Hari. Mata Hari (nacida Margaretha Zelle) era una famosa bailarina de danzas orientales de los Países Bajos, que en la Primera Guerra Mundial, en 1917, fue detenida y ejecutada por los franceses acusada de espiar para los alemanes. Todo su caso es en realidad muy polémico, hay mucha gente que cree que fue utilizada como un chivo expiatorio y que ni siquiera espió para los alemanes. En cualquier caso, lo que sí parece es que no fue una espía importante. Pero su caso es muy famoso y ha contribuido a crear el estereotipo de la espía – femme fatale, que obtiene información a base de acostarse con hombres y tal. Lo cierto es que hubo otras mujeres espías en la Primera Guerra Mundial que fueron más importantes que Mata Hari. Por ejemplo. Louise de Bettignies, una agente secreta de origen francés que espió para los británicos con el seudónimo “Alice Dubois”.Estuvo al frente de una red de decenas de espías (la “Red Alice”) que salvó la vida de más de mil soldados británicos. La “reina de las espías”, como la llamaban sus superiores, fue descubierta y detenida por los alemanes en octubre de 1915. Acabó muriendo en la cárcel.

 

También en la Primera Guerra Mundial, pero en el bando contrario, estuvo Elsbeth Schragmüller, perteneció a la primera generación de estudiantes universitarias en 1913 en Alemania, y se convirtió en profesora universitaria alemana. Elsbeth trabajó en contrainteligencia (detección de espías enemigos), y llegó también a estar al frente de una red de espías. Recibió la Cruz de Hierro de Primera Clase. Esta, a la que apodaban “Fräulein Doktor” (“Señora Doctora”), sí sobrevivió a la guerra, pero moriría empobrecida y olvidada a los 58 años.

 

En los años de entreguerras también conocemos la identidad de algunas espías muy famosas, como la soviética Nadezhda Plevitskaya. Una cantante rusa conocida en el Imperio zarista, que se exilió cuando llegaron los comunistas al poder pero luego acabó trabajando para la inteligencia de la URSS, desde Francia. Gracias a ella se pudo detener hasta a una veintena de anticomunistas que querían cometer atentados terroristas en la URSS. Al final, la policía francesa la pilló y murió en prisión en 1940.

Aquí podemos escucharla cantar.

 

Ya en la Segunda Guerra Mundial, encontramos todavía a más mujeres espías con vidas absolutamente espectaculares. Entre las más conocidas está Virginia Hall, que puso en marcha una red de espías para los británicos en la Francia ocupada por los nazis. Más tarde se convertiría en una de las primeras agentes de la CIA. Esta mujer era estadounidense, pero al principio trabajó para los servicios secretos británicos, ya que los de EEUU la rechazaron porque a Virginia le faltaba una pierna. Debería haberles dicho: ese tren ya pasó, capacitistas de mierda, me quedo con los británicos que me quisieron con una sola pierna.

 

Muy famosa es también Noor Inayat Khan, una británica de origen indio que trabajó como espía y operadora de radio desde la Francia ocupada hasta que la Gestapo la capturó y ejecutó. E igualmente conocida es otra espía británica, Vera Atkins, que se encargaba de reclutar y formar espías. La vida de Atkins está ficcionada en otra peli reciente titulada “Las espías de Churchill”. 

 

Y es curioso, pero en esa peli no sale Krystina Sharbek, de quien se decía que era la “espía favorita” de Churchill. Krystina era una mujer polaca de origen judío que espió para Gran Bretaña. Se la conoce también como “Christine Granville”. De esta mujer se dice que inspiró varios personajes femeninos de las novelas de “James Bond”, y se cuentan todo tipo de hazañas sobre su valentía, como el rescate de dos prisioneros británicos de una cárcel alemana horas antes de que fueran a ejecutarlos. Sobrevivió a todo tipo de situaciones de riesgo en la Segunda Guerra Mundial, pero cosas del putero patriarcado, Krystina acabó muriendo en 1952 por las puñaladas que le asestó un tipo, despechado y furioso porque ella no le correspondía. 

 

También en la II Guerra Mundial, y en el ámbito concretamente de la resistencia francesa, podemos mencionar a Nancy Wake, alias “ratón blanco”, una espía de origen neozelandés que fue la mujer del bando aliado con más condecoraciones militares. Esta espía, que vivió hasta 2011, llegó a ser una de las personas más buscadas por la Gestapo. Logró huir de Francia por los Pirineos en 1943, volvió al año siguiente, dirigió a grupos de maquis franceses en los combates contra los alemanes…  Tras la guerra estuvo muy involucrada en política, en Australia. Murió en 2011, con 98 años, y por suerte tenemos también documento sonoro.

 

Entrenaba dándome con el canto de la mano en el escritorio para endurecerlo, así, cuando le daba en el cuello a los enemigos, podía matarlos. Le daba con mi rodilla entre sus piernas. Era una forma sucia de pelear, pero eras tú o el enemigo.

 

Un tipo de espía diferente, pero que también colaboró con los aliados en la II Guerra Mundial, fue Joséphine Baker, la ultrafamosa cantante y actriz afrofrancesa. Era tan famosa que incluso los nazis la dejaban moverse con bastante libertad, y ella aprovechaba y pasaba mensajes secretos a la resistencia, escritos siempre con tinta invisible entre sus partituras musicales.

 

Y otra mujer a la que también podemos mencionar aquí, y que tuvo un recorrido como espía larguísimo, es la soviética Elizabeta Zarubina. Elizabeta estuvo activa como agente de inteligencia desde los años 20. Fue una de las reclutadoras de espías más exitosas de la URSS, estableciendo su propia red de espías, formada por judíos a los que luego ayudó a escapar de la Alemania nazi. A lo largo de los años espió para Moscú desde muchos sitios: Austria, Alemania, Francia… Pero quizá se la conoce más por ser una de las primeras en conseguir información sobre el programa nuclear atómico de los EEUU, el famoso “Proyecto Manhattan”. ¡Elizabeta, reina!

Y esto nos va llevando ya más hacia el contexto de la Guerra Fría… Sobre todo a esos años 40 y 50 en los que el tráfico de información sobre los programas nucleares era un poco el top del espionaje. Y aquí hay que hablar de  Úrsula Kuczynski, conocida por diferentes nombres, pero sobre todo por su nombre en clave: “Sonya”. Úrsula era una comunista alemana, de origen judío, que espió para la URSS en las décadas de 1930 y 1940. Participó en un montón de misiones, por ejemplo ayudando a infiltrar a espías comunistas en los servicios de inteligencia estadounidenses, y fue clave también para transmitir información sobre la bomba atómica y ayudar a su desarrollo por parte de la URSS. En los años 40 estuvo viviendo en Inglaterra, pero en 1950, a punto de ser descubierta, huyó a Alemania Oriental, donde luego publicó varios libros sobre su vida como espía. 

 

Úrsula era amiga y colaboradora de otra espía comunista muy famosa: Melita Norwood. Una británica que estuvo informando a Moscú de los proyectos atómicos del Reino Unido durante décadas. Para cuando la pillaron, en 1992, ya era una ancianita y estaba jubilada (la prensa inglesa la bautizó como “la abuela roja”), ¡así que ni siquiera la detuvieron! 

Espías como Sonya o Melita Norwood, no respondían precisamente al rol de mujeres fatales. Más bien aprovecharon el machismo social generalizado para pasar desapercibidas y hacer su labor mejor que nadie. Porque se dudaba menos de las mujeres: en fin, ¡cómo iban a estar ahí ellas informando de cosas de alto secreto súper importantes, si las mujeres no se enteran de nada. No les da la inteligencia.

 

En relación con la transmisión de secretos nucleares a la URSS, pero no desde Gran Bretaña sino desde los EEUU, es famosísimo el caso del matrimonio Rosenberg: formado por los judíos Ethel y Julius. Los primeros civiles ejecutados en EEUU acusados de espionaje, en 1953. Y precisamente por pasar secretos que habrían ayudado a la URSS a desarrollar su propia bomba atómica. Este es un caso también muy controvertido, no hay consenso sobre hasta qué punto fueron espías importantes o más bien víctimas de la caza de brujas anticomunista que hubo en EEUU con el macartismo. Sobre todo ella, Ethel: hay voces ahora pidiendo que se la exonere póstumamente.

 

Cuanto más nos acercamos a la actualidad, más complicado va siendo conocer cosas sobre espías, claro. Porque hay menos información desclasificada, más protagonistas vivos o incluso en activo, etc. Conocemos de todas formas casos bastante actuales de espías que, por diferentes motivos, han salido a la vida pública y a veces han publicado libros y cosas así. Sobre todo de espías de la CIA. Ahí está por ejemplo Sandra Grimes, una especialista en contrainteligencia que dirigió infiltraciones de estadounidenses en los servicios secretos soviéticos y que contribuyó por ejemplo a pillar a Aldrich Ames, un famoso agente doble de la CIA que pasaba información a Moscú. Sobre este tema hay una miniserie que se llama “The Assets”. 

Más joven todavía es Melissa Boyle Mahle, que trabajó para la CIA en Oriente Medio hasta principios de los 2000, por ejemplo en la lucha contra el terrorismo, y que ha escrito varios libros al respecto. E igual os suena Amaryllis Fox, que tiene ahora 42 años solamente, y se hizo muy famosa también porque publicó un libro sobre su doble vida como espía, años después de dejar la CIA, titulado “Encubierta: Mi vida al servicio de la CIA”. 

¿Y en España qué? Pues también hay y hubo. Tenemos varias espías “históricas” españolas y, además, diferentes tipos de espías. Tenemos por ejemplo a Aline Griffith, que era realmente estadounidense pero que vivió en España la mayor parte de su vida porque se casó con el conde de Romanones. Esta era la típica espía de la alta sociedad que se dedicaba a informar a EEUU de cosas de las que se enteraba en las fiestas que organizaba. Una espía de poco riesgo, vamos. Murió en 2017. Mucho más espía-espía, espía fetén, fue la ceutí África de las Heras, que se nacionalizó luego como soviética y que llegó a ser coronel de la KGB. África de las Heras estuvo metida en muchas misiones importantes: sobre el terreno con los partisanos soviéticos en la II Guerra Mundial, encargándose de interceptar comunicaciones alemanas; espiando en Sudamérica tras la guerra, etc. Se dice que fue ella la que descubrió y comunicó los planes de invasión en la Cuba de Castro por parte de los EEUU -la famosa invasión de bahía de Cochinos, en 1961-. Y por último, ya para terminar, también podemos mencionar a Araceli González, la mujer de Joan Pujol, “Garbo”, uno de los espías más famosos de la historia, el hombre que engañó a los nazis con el desembarco de Normandía. Esta mujer está muy a la sombra de la leyenda de su marido, pero cada vez sabemos más cosas que apuntan a que ella contribuyó de forma muy activa a todas esas operaciones de inteligencia del marido.

 

REFERENCIAS