Síndrome de Wendy

El “síndrome de Wendy” viene de Wendy Darling, la niña protagonista de Peter Pan, que cuida, ordena, escucha, organiza y acompaña mientras los demás viven la aventura.

 

Describe una posición aprendida por las niñas y mujeres, que son las socializadas en el cuidado. Desde esta posición, vertebran su vida en función de las necesidades de los demás, a menudo descuidando las suyas propias. Es habitual que sean, además, mujeres con dificultad para poner límites, miedo a incomodar y con sentimiento de culpa cuando se priorizan a sí mismas.

 

Los mandatos del género (herramienta por excelencia de sumisión y control del sexo femenino) exigen que nosotras seamos enseñadas desde bien pequeñas en los cuidados, y no solo se espera que atendamos, sino también que nos anticipemos a las necesidades ajenas, que sostengamos emocionalmente a nuestro entorno, que nos hagamos cargo del clima familiar, de los vínculos e incluso que desaparezcamos un poco para que otros brillen.

 

Escena habitual

 

Ella tiene pendiente una cita médica desde hace meses. 

 

PERO… Él tiene un mal día.

Necesita hablar.

Luego necesita consejo.

 

Ella vuelve a posponer la cita. 

Su malestar queda para “cuando haya tiempo”.

 

Otra escena frecuente

 

Estás con un proyecto propio. Concentrada.

Él interrumpe varias veces con cosas pequeñas: dudas, quejas, inseguridades.

 

Ella atiende cada interrupción.

Vuelve a empezar una y otra vez.

Al final del día, lo de él ha quedado resuelto.

Lo de ella, a medias.

 

Y encima, es probable que se reproche no haber avanzado más.

 

La clave política

 

Este fenómeno no se debe confundir con exceso de generosidad, es sencillamente socialización femenina.

Ocurre porque hemos aprendido desde bien temprano que nuestro valor está en facilitar la vida ajena.

Eso significa que nuestra necesidades son secundarias, cuidarnos es egoísmo e incomodar es peligroso.

Con cada acto que nos aleje de agradar al mundo, sentimos que se nos resta valía como personas.

 

Cuando ese guión se instala (y suele instalarse bien pronto), nuestra vida empieza a girar alrededor de los demás, y nosotras nos convertimos en las facilitadoras de que los demás vivan la vida que quieren. Ocurre que nos quedamos sin tiempo (o incluso valor) de preguntarnos: ¿y qué es lo que quiero yo para mi vida?

 

Por qué importa tener presente el Síndrome de Wendy

 

Para rebatirnos todas esas veces que pensemos:

 

“Soy yo, que no sé poner límites”.

“Soy yo, que fallo”.

“Soy yo, que no me organizo”.

“Soy yo, que no tengo mejor carácter”.

 

Y no, no eres tú, es político.

Lo personal es político.