El abuso sexual infantil (ASI) consiste en cualquier acto que vulnere la indemnidad sexual de personas menores de edad por parte de todo aquel que supere en edad biológica, en capacidades físicas o en madurez mental o intelectual a su víctima.
En todo el mundo, los datos suelen reflejar que sufren abusos sexuales una de cada cinco niñas y uno de cada diez o doce niños, más o menos.
Sin embargo, no es recomendable intentar comparar los datos de unos países y de otros, ya que cada país es un mundo, legislativa, social y culturalmente, y el estigma que puede haber a la hora de denunciar estos abusos, o las facilidades que da o deja de dar el sistema para denunciar también son muy diferentes.
Alrededor de 9 de cada 10 abusadores son hombres. Además, suelen ser bien de la propia familia o bien del entorno de la víctima.
Según un estudio que ha presentado la Asociación de Mujeres Juristas Themis a partir de 455 sentencias judiciales en España entre 2010 y 2019, el porcentaje de abusadores que son conocidos de las víctimas es del 74%. Además, suelen ser abusos que se repiten y se prolongan durante años.
Esta situación de abusos tan frecuente no está encontrando una buena respuesta por parte del sistema. Hay estudios que mencionan por ejemplo que sólo entre un 15-20% de centros donde se tienen sospechas de que una menor sufre abusos acaban comunicándolo a las autoridades.
Y en general, sólo se denuncian un 15% de los casos. De esos casos denunciados, según apunta un informe de Save The Children de 2017, un 70% ni siquiera llegan a la fase de juicio oral.
Para que haya una condena se exige un nivel de pruebas difícil de lograr, y hay que tener en cuenta que entre 8 y 9 de cada 10 abusos se producen sin violencia física. El testimonio de las criaturas se valora muy poco, y muchas veces es lo único que se tiene.
Además, los testimonios se obtienen siguiendo protocolos que no son los más adecuados y, cuando no hay pruebas suficientes, el caso se puede acabar volviendo en contra de la denunciante, que muchas veces es la madre del menor.
El ASI se da en todas las clases sociales, sólo que a veces es más fácil detectarlo en grupos desfavorecidos simplemente porque están más presentes los servicios sociales.
Cuando se habla del aumento en los últimos años de los casos de abusos sexuales a menores, debemos tener en cuenta que esto sobre todo refleja que dichos abusos -que han estado ahí siempre, y siempre muy silenciados- se están visibilizando y persiguiendo cada vez más.
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