¿Qué quiere decir el feminismo cuando se refiere a un feminicida o a un violador como «un hijo sano del patriarcado»?
Se trata de una expresión crítica para poner de manifiesto que los hombres que ejercen violencia contra las mujeres no son “locos”, no son hombres defectuosos, enfermos, casos aislados o monstruos, sino simplementevarones funcionales y dentro de la media en cualquier estadística.
Son hombres que también son padres, vecinos, jefes, compañeros de trabajo, tíos, abuelos e hijos. Feminicidas, violadores y maltratadores son hombres que han crecido dentro de un sistema que los ha moldeado para que sigan reproduciendo un patrón de violencia y subordinación hacia las mujeres.
En un sistema que enseña que las niñas y mujeres somos meros objetos -a diferencia de los hombres, que son los propietarios y los sujetos con derechos- ellos acaban sintiendo que sus parejas, sus hijas, sus vecinas y compañeras tienen una capacidad de decisión limitada en comparación con ellos, que en última instancia, son ellos quienes deciden qué, cuándo, cómo y cuándo.
Un ejemplo: el momento más crítico para una mujer es la fase de separación, ya que está tomando una decisión por sí misma y esa decisión, en un orden que los ha educado como dueños, un varón la entiende como una expropiación. Un objeto no puede alejarse de un sujeto, es el sujeto quien abandona -si acaso- al objeto. Por lo tanto, se siente con el derecho de hacer añicos al objeto.
Los hijos sanos del patriarcado se forman desde que son bebés a través del ejemplo.
Aprenden antes de hablar que el hombre decide y la mujer consulta y que, independientemente de la edad de las personas, después de cualquier evento el hombre siempre descansa y la mujer siempre limpia, o que a él se le disculpa el mal carácter y a ella se le exige paciencia. No se necesitan manuales, porque el patriarcado no se inocula con discursos grandilocuentes, sino con los pequeños detalles del día a día.
Un hijo sano del patriarcado no es una anomalía ni un “monstruo” ajeno al resto de los hombres, sino el producto más visible y extremo de una estructura social que legitima la dominación masculina sobre nosotras.
El feminicida y el violador son el resultado esperable de un sistema que socializa a los hombres en la dominación. No es una enfermedad individual, sino la expresión más “lógica” de un modelo social que tolera y reproduce la violencia contra las mujeres. Por eso, llamarlo “loco” o “monstruo” desvía la atención del problema y permite a los demás hombres desmarcarse y, a nosotras, bajar la guardia con los hombres de nuestro entorno.