Mujeres de consuelo o confort
Las mujeres de consuelo, de solaz o de confort fueron esclavas sexuales de los militares japoneses desde los años treinta hasta finales de la II Guerra Mundial.
Se trata de un crimen generalizado y perfectamente organizado, de enormes proporciones, en el que miles de niñas y mujeres jóvenes fueron arrancadas de sus hogares y llevadas a prostíbulos situados en las zonas del frente, donde fueron violadas sistemáticamente por soldados japoneses.
Aunque no hay estadísticas fiables porque el Ministerio de Guerra japonés trató de eliminar toda la documentación comprometida cuando vio que iban a perder la guerra, la mayor parte de las estimaciones hablan de un cuarto de millón de niñas y mujeres que no sólo eran japonesas, sino también surcoreanas, tailandesas, filipinas, chinas, etc.
Después de sacarlas de sus hogares, a las niñas y mujeres de consuelo las metían en barcos y las distribuían por los diferentes prostíbulos militares, que eran de distinto tipo y tamaño. Los había gestionados directamente por el Ejército y los había de gestión privada.
Hablamos de una auténtica industria de la violación. Dependiendo de la zona donde estuviera el burdel y de la época, cada una de esas mujeres podían ser violadas hasta más de 50 veces diarias.
Muchas mujeres de consuelo murieron en aquellos prostíbulos, víctimas de enfermedades, por las palizas que les daban, porque se suicidaban o sencillamente por los bombardeos de los aliados. Las que sobrevivieron quedaron con secuelas psicológicas y físicas de por vida.
En los Procesos de Tokio, el Tribunal Penal Militar que investigó los crímenes de guerra de Japón acabó siendo cómplice de los criminales y hubo que esperar a principios de los años 90 para que la verdad de las mujeres de consuelo se pusiera bajo el escrutinio público. En 1991 una de las supervivientes, Hak-Soon Kim, se atrevió a demandar al Gobierno japonés.
Japón siguió negándose a pedir disculpas públicas y a ofrecer compensaciones a las víctimas durante años, hasta que finalmente en 2015 crearon un pequeño fondo para pagar a las supervivientes que, en ese momento, ya eran muy pocas.