Actualmente, en Hungría y en Polonia tenemos a la extrema derecha en el gobierno. Además, en estos dos países es que ni siquiera hay una oposición de izquierdas fuerte.
En Austria, entre 2017 y 2019 estuvo en el gobierno el ultraderechista Partido de la Libertad.
En Italia, Salvini, el líder de la Liga Norte, fue vicepresidente y Ministro del Interior hasta 2019.
En Finlandia, el Partido de los Finlandeses también ha estado en un gobierno de coalición hasta 2019.
En el Ejecutivo suizo tiene representación el Partido Popular Suizo, que también es de extrema derecha.
En Noruega, el Partido del Progreso (te cagas con el nombre) ha estado en la coalición de gobierno entre 2013 y 2020.
Y podríamos seguir, pero tampoco queremos aquí hacer una lista exhaustiva porque a día de hoy, prácticamente en casi todos los países europeos hay algún partido de extrema derecha potente. Con alguna excepción todavía, como la de Portugal. Y por supuesto, no solo han estado y están en gobiernos nacionales, también en muchos gobiernos regionales, municipales, etc.
El famoso “cordón sanitario” a la ultraderecha que nos dicen en las tertulias que impera en Europa, solo se aplica en un puñado de países, como Francia, Alemania o Bélgica.
En Alemania, por ejemplo, hubo en 2020 un caso parecido al de Castilla y León, en la región de Turingia. Solo que allí, cuando el candidato liberal pactó con la ultraderecha para gobernar, sí funcionó ese cordón sanitario y las presiones de los distintos partidos acabaron forzando al tipo a dimitir.
Pero tampoco idealicemos a Alemania porque tienen una extrema derecha fuerte, llamada Alternativa Para Alemania, y existe también un partido neonazi, el Partido Nacionaldemócrata de Alemania, más minoritario pero que alguna vez ha tenido diputados regionales, por ejemplo.
Las preguntas de dónde están y cuánto apoyo tienen estas formaciones ultraderechistas en Europa tienen una respuesta más o menos clara;
es más complicada la pregunta de: qué es la ultraderecha europea actualmente, porque en Europa es bastante heterogénea.
No decimos ya la extrema derecha neonazi, que por supuesto está ahí, pero es más minoritaria porque genera rechazo en gran parte de la población.
Ha habido algún partido de estos claramente neonazi y violento con bastante éxito, como Amanecer Dorado en Grecia hace unos años, partido que por cierto ya está ilegalizado.
Pero, en general, la extrema derecha que tiene éxito hoy, busca gobernar, y se ha moderado en las formas para conseguirlo.
La europea es una ultraderecha bastante diversa. Hay una ultraderecha de raíz ultraneoliberal, otra de raíz más nacionalcatólica, otra con vínculos más claros con el fascismo… Y, a veces, todo esto lo vemos dentro incluso del mismo partido.
En VOX, por ejemplo, esa familia más neoliberal la representa gente como Rocío Monasterio y su marido, Espinosa de los Monteros, pero también hay un ala más ultra y fascista con Olona o Jorge Buxadé al frente, que viene de la Falange, o con Ortega Smith, que ya sabéis que es primo del presidente de la Fundación Francisco Franco… En fin.
La diversidad en la ultraderecha europea hace que haya cierta variedad en cuanto a las ideas de estos partidos sobre el feminismo y sobre el papel de las mujeres.
Pero sí hay algunos puntos en los que coinciden bastantes todas estas formaciones, a veces de forma más explícita y otras camuflada para no perder votos.
Uno de los partidos que más explícitos han sido en los últimos años en cuanto a sus visiones patriarcales rancias es Alternativa Para Alemania (AFD), que llegó a tener casi el 13% del voto en Alemania en 2017, aunque en las últimas elecciones ha bajado un poco.
Esta gente defiende abiertamente los roles de género, blindar el género, vamos, y también la familia tradicional. Creen, por ejemplo, que las mujeres solo debemos trabajar si nuestra situación nos obliga a ello. Porque lo ideal es que seamos madres y esposas. 13% de los votos.
Por supuesto, son antiabortistas y no les gusta la ley del aborto alemana, que es ya bastante restrictiva por cierto. Y también están en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, por supuestísimo.
Estas ideas tienen sus raíces -en parte- en la influencia religiosa, cristiana, pero también en el racismo, la xenofobia y una teoría conspirativa que es bastante transversal a la extrema derecha europea, que es la Teoría del Gran Reemplazo.
Qué es esto del Gran Reemplazo que ya estamos viendo también con Vox, pues ojo: sostienen la idea de que como los europeos tenemos índices de natalidad bajos, Europa va a acabar inundada de no europeos, ellos entienden por europeas las personas blancas, claro. Y cuando dicen extranjeros no se refieren precisamente a estadounidenses, sino árabes, musulmanes especialmente, que al tener más descendencia, van a acabar siendo mayoría, van a reemplazarnos, digamos, y que nos impondrán acabar con los valores tradicionales europeos.
Por ahí viene parte de la obsesión por la familia tradicional, el matrimonio tradicional, los roles de género tradicionales y la promoción de la natalidad de los nacionales de cada país.
Y con nacionales, vuelven a referirse a blancos. Porque para ellos, los nacionales de otras etnias no son realmente nacionales, son… otra cosa.
Y esto lo comparte casi toda la extrema derecha europea actual, así que es también útil para identificarla. Porque al final todas sabemos que hay también líderes de ultraderecha en partidos que no son considerados de ultraderecha, pensemos en el ala más facha del PP, Ayuso y compañía.
Por supuesto, en los países donde gobierna la ultraderecha ya se han visto medidas que van en línea con todo esto que hablamos. Por ejemplo, la prohibición casi total del aborto en Polonia, o las trabas procedimentales que se ponen para abortar en Hungría.
Polonia y Hungría son dos países donde ya se promueve activamente la vuelta de la mujer a roles patriarcales, donde se aplican políticas natalistas y donde la comunidad LGTB está en el punto de mira.
Alternativa Para Alemania es un partido que nos parece muy ilustrativo porque, dentro de esa ultraderecha más mainstream, es de los que dice este tipo de cosas más abiertamente.
También es muy claro con sus ataques al feminismo, con el que lógicamente choca frontalmente. Es clara por ejemplo su pretensión de acabar con la investigación feminista, con los departamentos de estudios relacionados con el feminismo en las universidades, etc.
Luego, como os decía, tenemos otros partidos de ultraderecha de base más neoliberal que, al menos en apariencia, no son tan antifeministas ni tan homófobos. En apariencia, repito.
Un buen ejemplo es el Partido por la Libertad de Holanda (PVV). Que por cierto, no deja de ser curioso que muchos de estos partidos, o varios, lleven lo de la libertad en los nombres. Es como dime de qué presumes y te diré de qué careces. También es la bandera de Ayuso, ya sabéis.
El caso es que este partido holandés es más gay friendly, y defiende por ejemplo también la integración plena de la mujer en el mercado laboral. Como que prima más el capitalismo feroz y ahí nos ven útiles. Pero también es un partido muy racista y xenófobo en el que esa teoría del Gran Reemplazo tiene mucho peso.
Así que comparten la obsesión por promover la natalidad y aunque discursivamente no son antiabortistas sí que lo son, y por eso quieren dificultar el acceso al aborto. Es curioso como a toda esta peña se les llena la boca con el tema del velo, por ejemplo, pero luego para querer quitarnos otras libertades y derechos no tienen ningún problema. Sus prohibiciones bien, las de otros patriarcados, mal.
Vamos a otro partido muy conocido: la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, en Francia.
Estos también están últimamente moderando su discurso en temas como la igualdad y el rol de la mujer. Así que no se posicionan oficialmente ni contra el aborto ni por ejemplo contra el matrimonio igualitario. Por electoralismo, claro. Porque ya han comprobado que un partido como Alianza Para Alemania, con esas ideas machistas tan explícitas, capta poco voto femenino.
Aun así, dentro del partido de Le Pen hay tensiones internas con estos temas.
La sobrinísima de Le Pen, Marion, porque ya sabéis que la Agrupación Nacional es un partido con un rollo familiar que ya da bastante grima en sí mismo, lidera una corriente interna ultracatólica que sí es antiabortista.
Todos estos partidos, por supuesto, están también en contra de las cuotas y demás. Y la mayoría andan en el discurso este de que todo es violencia, y que la violencia machista no existe, que ahora veremos también para el caso español.
O sea que se puede decir que hay una serie de líneas maestras antifeministas en las políticas de esta ultraderecha, aunque luego haya grados.
Y bueno, ¿dónde nos queda VOX? Pues aquí queríamos llegar. Dentro de la ultraderecha mainstream europea, VOX es uno de los partidos más abiertamente machistas.
Si echáis un vistazo al último programa que sacaron el año pasado con el original nombre de “AGENDA ESPAÑA”, os quedará bastante claro. Os leo algunos puntos de ese programa:
Algunas de las declaraciones y desplantes que viene haciendo esta gente en los últimos años hablan también por sí mismas.
Recordaréis seguramente a Ortega Smith reventando un acto del ayuntamiento de Madrid en el día contra la violencia machista, dando el típico discurso negacionista frente a víctimas y supervivientes. Pero en realidad este tipo de actuaciones se han repetido en ayuntamientos, comunidades autónomas, etc. son frecuentes, ojo.
Durante el confinamiento, VOX votó en contra de declarar los servicios de atención a las víctimas de violencia machista como servicios esenciales. Y allí donde han podido han presionado para cortar la financiación pública a asociaciones que prestaban ayuda a víctimas -en Andalucía han conseguido hacer mucho daño, por ejemplo-.
Siempre anda, ya sabéis, a vueltas con las denuncias falsas, con que la violencia no tiene género, culpando entre medias a los inmigrantes de la violencia contra las mujeres… Qué os voy a contar que no sepáis.
Ahora tenemos de candidata a la Junta de Andalucía a Macarena Olona, que el otro día dijo lo siguiente: “como mujer me parece insultante que me digan que una menstruación tiene que acarrear una baja laboral, que por supuesto van a pagar los empresarios”.
Es importante subrayar que no son pocos los partidos de ultraderecha que tienen mujeres al frente o en puestos clave. Es un colaboracionismo necesario para que sus mensajes calen en algunos sectores de la sociedad.
Ahí está Le Pen en Francia, también Alternativa para Alemania tuvo de líder entre 2013 y 2017 a otra mujer, Frauke Petry, el Partido de los Finlandeses lo lidera otra mujer, Riikka Purra, etcétera. No es algo anecdótico.
Por cierto, en Andalucía en las anteriores elecciones tuvimos de candidato, seguro que lo recordáis, al ex juez Francisco Serrano, que había sido inhabilitado por malas prácticas en un caso de custodia de un niño, perjudicando a la madre deliberadamente, un tipo que es un firme defensor de esa falacia que es el Síndrome de Alienación Parental y al que luego imputaron por fraude. Una joyita.
Recordemos también a la diputada de VOX en la Asamblea de Madrid, Alicia Rubio, que propuso una asignatura en la que nos enseñaran a coser, y dijo que el feminismo era cáncer y que estaba muy preocupada por el “lesboterrorismo”.
¿Qué es el lesboterrorismo? Yo digo que un huevo colgando y otro lo mismo.
Y también tenemos a Jorge Buxadé asegurando que las feministas somos mujeres feas que les decimos a otras mujeres lo que deben hacer.
Son una fuente inagotable de ignorancia y odio. Luego… también son una fuente inagotable de gilipolleces.
¿Os acordáis cuando Abascal dijo en una entrevista en Antena 3 que el matrimonio gay era “una unión civil como la que podrían tener dos hermanas viudas”?
Que estos partidos, que no paran de ensañarse con sectores y colectivos discriminados y violentados en la sociedad, no estén ilegalizados es una verdadera vergüenza y algo injustificable. Y así nos va, compañeras. Siguen escalando, trepando y ocupando puestos diseñados en democracia cuando su única misión es seguir reprimiendo pero con más y más poder.
Cuando nos demos cuenta, ya estarán arriba ilegalizándonos ellos a nosotras.