Sabéis que comenzamos cada programa con el recorrido por un país para conocer la situación de las mujeres que habitan en él. Hoy, como este es un especial sobre violencia vicaria, vamos a cambiar el tercio.
Todas tenemos presentes casos mediáticos, como el caso de las niñas secuestradas en Tenerife, que esperamos tenga buen final.
Casos como el de José Bretón que asesinó a su hijo de dos años y a su hija de seis para vengarse de Ruth, la madre de las criaturas, que un mes antes le había dicho que se quería divorciar de él.
Casos como el de José Ignacio Bilbao, que el mismo día que tenía que devolverle a sus hijas de 7 y 9 años a la madre, de la que estaba separado, decidió matarlas.
O el de David Oubel, que asesinó a sus dos niñas, de 4 y 9 años. Justo antes de hacerlo llama a la madre, su ex pareja, para contarle lo que iba a hacer.
Son tantos, que no podemos nombrarlos todos. Esto es lo que acaba llegándonos acerca de esta violencia, solo la punta del iceberg.
Este tipo de filicidios, que es el nombre correcto para denominar estos asesinatos -no el de parricidios que usa siempre la prensa-, constituyen la forma más extrema de un subtipo muy común de violencia machista, de una estrategia de maltrato que la psicóloga Sonia Vaccaro – quien nos acompañará hoy- bautizó hace unos años con el nombre de “VIOLENCIA VICARIA” .
Un término con el que mucha gente en España se ha familiarizado en las últimas semanas a raíz del documental sobre el maltrato a Rocío Carrasco, que es víctima -entre otras cosas- de este tipo de violencia.
Podemos definir la violencia vicaria como aquella que el maltratador ejerce sobre una mujer a través de terceros. Generalmente, a través de las criaturas.
Por eso a veces también se habla de “violencia instrumental”, porque tanto hijas como hijos son utilizados como instrumentos para maltratar a la madre. Esa, como decíamos, es la punta del iceberg de esta forma de violencia, pero hay toda una serie de actuaciones que son más sutiles bajo la superficie. Invisibles, sutiles, difíciles incluso de demostrar.
Esta violencia instrumental también puede ejercerse utilizando a otras personas importantes en la vida de la mujer, y también a animales, lo cual nos contarán algunas oyentas en este especial.
Incluso podemos hablar de un tipo específico de esta violencia instrumental en el que se utilizan cosas, objetos, propiedades con valor para la víctima… también hablaremos de ello.
En todo caso, la utilización de las criaturas para ejercer violencia psicológica sobre las mujeres es más común y también mucho más grave, claro.
Mientras dura la relación de pareja, son instrumentalizados para chantajear a la madre, para hacerla sentir culpable, para someterla… Y por el camino, claro, no olvidemos que son también víctimas primarias de ese maltrato. Algo que luego tiene efectos a largo plazo en ellos, de reproducción de los patrones de conducta del padre o de la situación de sometimiento de la madre.
En vísperas de una posible ruptura, el rol que juegan las criaturas en el maltrato se va volviendo cada vez más central. Se producen amenazas del tipo “si te vas, te voy a quitar a los niños”, o “me voy a encargar de que tus hijas sepan cómo eres”…
También chantajes emocionales para intentar evitar la ruptura: “vas a dejar a tus hijos sin padre”, etc.
Cuando aun así la mujer da el paso de separarse, -y sabemos que la forma más habitual con la que las mujeres ponemos fin a una situación de maltrato es precisamente la ruptura-, las hijas quedan ya como el único nexo de unión entre el maltratador y su víctima y por lo tanto, como la vía principal para continuar haciendo daño a la ex pareja.
Es entonces cuando esa violencia vicaria se intensifica, y en alguna ocasión llega hasta ese nivel extremo, brutal, del asesinato de las criaturas.
En España, está claro que los sistemas de protección a las víctimas de maltrato y a las menores de estas familias hacen aguas.
Aún no se ha incorporado la premisa de que un maltratador no puede ser un buen padre, y el derecho de los padres a ver a sus hijos se ha puesto por delante de la salud, de la tranquilidad y hasta de la vida de las madres y de la infancia.
Fuentes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en España, confirman que solo un 3% de los casos de violencia machista termina con la suspensión del régimen de visitas a los padres que han ejercido el maltrato y, ojo, solo un 5,2% los jueces dictan la retirada de la guarda y custodia a los agresores como medida cautelar de protección de los menores. Y esos espacios que deja la justicia patriarcal, permiten y fomentan la violencia que utilizan los maltratadores para seguir haciendo daño con este método de la violencia vicaria. Algo que la nueva ley de la infancia intenta frenar, como comentaremos luego.
Muchas recordaréis el de Ángela González, que denunció hasta 51 veces a su exmarido y suplicó que no le dejaran a solas con su hija, hasta que al final en 2003, en una de esas visitas permitidas por la justicia, mató a la niña.
Hace solo tres años, 15 años después, el Tribunal Supremo acabó admitiendo que el Estado fue responsable de ese asesinato y que Ángela tiene derecho a una indemnización.
Desde 2013 hasta hoy se han confirmado 39 asesinatos de menores en España por violencia machista. Y según algunos estudios, de cada 5 menores asesinadas, 3, lo son durante el régimen de visitas del padre o bien en el tiempo de la custodia compartida que le corresponde al padre.
Para que esa punta del iceberg sea visible, tiene que existir toda la base sumergida, la que no se ve, de la que no se habla.
Un estudio de 2015 de la investigadora de la Universidad de Granada, Paula Reyes Cano, revelaba que la mitad de los maltratadores instrumentalizan a las criaturas para poder seguir haciendo daño, controlando y presionando a su madre después de una ruptura. Y eso que dentro de los casos que estudió esta investigadora había también, por ejemplo, un 12% de padres que no habían querido mantener el contacto con sus hijas e hijos.
También revela Reyes Cano que en más de la mitad de los casos los maltratadores insultaron o menospreciaron a la madre frente a las pequeñas durante el régimen de visitas, y que en la mitad de los casos en los que no había una orden de alejamiento de por medio, los niños tuvieron que volver a presenciar episodios de violencia hacia la madre en las recogidas o en las entregas.
De la parte más invisible de la violencia vicaria vamos a hablar hoy. Conocerla, es imprescindible. Y para ello, como os adelantaba, tenemos a Sonia Vaccaro, psicóloga feminista, perito forense y experta en victimología y violencia contra las mujeres.
ARTÍCULO RECIENTE (lo has leído tú ya porque lo tienes en Tw): https://www.publico.es/sociedad/violencia-machista-violencia-vicaria-maltrato-cruel-mujeres.html (se abre en una pestaña nueva)
ARTÍCULO MÁS ACADÉMICO: “Otra forma de violencia de género: la instrumentalización”.
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6588970 (se abre en una pestaña nueva)
ARTÍCULO DE REYES CANO: “Menores y violencia de género”. http://revistaseug.ugr.es/index.php/acfs/article/view/3282/3310 (se abre en una pestaña nueva)