Situación de las mujeres en Maldivas

Nos hemos ido a las Maldivas para saber qué hay tras las palmeras de las postales. Para saber cómo viven las mujeres maldivas, mientras Occidente va allí a hacerse selfies en las playas privadas propiedad de las cadenas hoteleras. Se trata del segundo país más pequeño de Asia, la República de Maldivas, un conjunto de unas 1.200 islas situadas en el océano Índico, al sur de la India. En total, suman menos de 300 kilómetros cuadrados, para hacernos una idea, eso son 2/3 de la superficie de Andorra. Algunas de estas pequeñas islas están súper pobladas: el país se acerca a los 600.000 habitantes y su capital, Malé, que tiene unos 200.000, es una de las ciudades más densamente pobladas de todo el mundo. Agobia un poco ver las imágenes, la verdad: no hay ni un metro sin edificar.

Para Occidente, Maldivas es sinónimo de turismo de lujo. Playas paradisíacas, aguas cristalinas, sesiones de buceo con tiburones… Prácticamente el 30% del PIB del país lo aporta el turismo. O sea, si aquí en España, que ese porcentaje es del 12%, ya gira todo en torno al turismo, imaginaos allí. En la mayoría de los artículos en prensa sobre Maldivas, se vende esa imagen del país como destino vacacional de ensueño, subrayándose además que es un ejemplo de turismo sostenible y de redistribución entre la población local de los beneficios del turismo. ¿Es esto cierto? Bueno, vamos a darle un poco de contexto. 

Maldivas es el país más amenazado del mundo por el cambio climático. Su punto más alto está a solo 5 metros sobre el nivel del mar, así que el calentamiento amenaza su existencia de forma inminente. Las Maldivas se están hundiendo en el océano Índico, vaya, y no es el único país que se hunde. También Tuvalu, pero como son países minúsculos, no le importa a demasiada gente.

El tsunami de 2004 ya dejó muy claro hasta qué punto Maldivas es vulnerable: entonces, varias islas desaparecieron y otras perdieron la mayor parte de su superficie. Literalmente hubo que rehacer los mapas del país, amigas. Así que, lógicamente, en las islas hay una gran conciencia ecológica. Pero al mismo tiempo, los proyectos de expansión que siguen, con los que pretenden sobrevivir al cambio climático, se basan en la construcción de islas artificiales y complejos flotantes que tienen impactos ambientales negativos. Y en cuanto a la redistribución… Pues a ver. El turismo deja mucha pasta y eso repercute en el nivel de vida de la gente, claro. Pero es un país con mucha corrupción, y todavía sigue habiendo bastante pobreza, sobre todo en algunas zonas de la capital y en islas de la periferia.  

Maldivas es un país musulmán. Entre 1153 y 1968 fue un sultanato, aunque desde el siglo XVI ya estuvo bajo la tutela, sucesivamente, de los portugueses, los holandeses y los británicos. Después de un periodo muy conflictivo a mediados del siglo XX, en el que incluso llegaron a separarse varias islas del sur, que durante unos años funcionaron de manera independiente con el nombre de República de Suvadiva, en 1965 el país obtuvo la plena independencia del Imperio Británico y tres años después se convirtió en una República. Desde entonces, Maldivas ha tenido una vida política algo convulsa y nunca ha llegado a convertirse en una democracia plena. Que me río yo de las afamadas democracias plenas, también te digo. Pero vaya, que a Maldivas se la suele catalogar como país parcialmente libre. La independencia del poder judicial es escasísima, el nivel de corrupción política alto, la libertad de prensa claramente deficitaria y, por supuesto, por encima de todo, la situación de desigualdad entre los sexos es tremenda.

En muchos sentidos, la responsabilidad la tiene el factor religioso. Para sorpresa de nadie. Maldivas es un Estado confesional, donde el Islam es la religión oficial y no existe libertad religiosa. En las últimas décadas, como en otros países islámicos, se ha producido un retroceso conservador en la sociedad y en las costumbres, promovido además por países como Arabia Saudí, que invierte mucho para promover la extensión del fundamentalismo islámico. No sé si lo sabíais ya u os va a sorprender, pero Maldivas es el país donde más gente se ha ido a luchar al lado del Estado Islámico en Siria e Irak en términos relativos, es decir, en relación con su población. Dentro del país, además, hay grupos terroristas filiales de Al Qaeda y del Estado Islámico que en los últimos años han secuestrado y asesinado a periodistas, blogueros y políticos defensores de implementar la libertad religiosa, además de hacer otro tipo de atentados. Por ejemplo, atacaron el museo nacional de Maldivas y destruyeron los objetos de la etapa pre-islámica de las islas. Las miembras de la organización de mujeres Uthema, que es prácticamente la única que lucha por la igualdad en Maldivas, también sufren acoso y amenazas constantes de estos sectores fundamentalistas. Y estas mujeres tienen mucho por lo que pelear, imaginaos: la violencia y discriminación que sufren es tremenda. Porque fuera de los resorts de lujo y sus playas privadas, donde los turistas extranjeros disfrutan de un modo de vida occidental, hay una realidad radicalmente distinta. Al salir de esa burbuja, seguro que esos turistas empiezan también a dejar de sentirse en el paraíso. 

Una turista no podrá bañarse en bikini en una playa pública, de igual forma que no habrá podido llevarse al viaje su vibrador, porque cualquier objeto de ese tipo se considera pornográfico y es requisado en el aeropuerto. Una pareja homosexual no podrá mostrarse afecto en público, porque la homosexualidad está prohibida, aunque no se les persiga de forma activa como sí se hace en otros países musulmanes. Si esto es para el turismo, imaginad para las mujeres locales. En un país que tiene una temperatura media anual de casi 30ºC y un 80% de humedad, las mujeres maldivas apenas llevan destapadas las manos y la cara, y si quieren refrescarse en una playa tienen que hacerlo también vestidas con prendas agobiantes como el burkini. Hace unas décadas el uso del velo no estaba extendido en las islas, todo se debe al proceso de radicalización del que ya hemos hablado en más países, porque esto obedece a una reacción global. Este proceso se inició sobre todo en los años 80 en Maldivas y ha hecho que a día de hoy la mayoría de las mujeres vayan veladas, por presión social y porque no hacerlo supone enfrentarse a distintas formas de acoso, aunque legalmente el velo no sea obligatorio. 

Las mujeres sufren una gran exclusión laboral: casi el 70% del mercado de trabajo lo integran hombres y, además, los ingresos medios de los varones prácticamente duplican a los de las mujeres, que curran en sectores peor pagados y en puestos más bajos. En el sector turístico, por ejemplo, apenas el 7% de los trabajadores son mujeres locales, y no porque haya restricciones legales, sino por las normas sociales y culturales. Currar en un resort turístico implica muchas veces tener que pasar varios días allí, y hay una gran oposición familiar a que una mujer pase la noche fuera de casa. Además, las mujeres cargan con todo el peso de las tareas domésticas, la crianza y los cuidados de las personas mayores y la infancia, y eso las aleja aún más del mercado de trabajo. Tampoco hay una buena cobertura social que las libere de alguna forma de esa carga. Que la baja por maternidad sea de 60 días y la de paternidad solo de 3 días, deja claro también sobre quién recae la responsabilidad de cuidar, criar y educar. 

Muy ilustrativo de todo esto que os voy comentando es el nivel de exclusión que sufren las mujeres en política: menos del 5% de los escaños del parlamento están ocupados por mujeres. Y os doy otro dato demoledor, en este caso sobre la judicatura: en 2016, de los más de 180 jueces de Maldivas, solo 6 eran mujeres. La historia se repite en puestos directivos y de altos funcionarios, con menos de un 20% de mujeres.

En algunas parcelas la discriminación es también legal. Sobre todo en el ámbito del Derecho de Familia, donde se aplica la Sharia. De cara al matrimonio, mientras las mujeres tienen prohibido casarse con no musulmanes, los hombres pueden casarse con quien quieran. A la hora de divorciarse, los hombres tienen todas las facilidades imaginables, incluso pueden divorciarse verbalmente y luego ir a registrarlo y punto. Las mujeres, en cambio, tienen que ir a los tribunales y solo se les da el divorcio en una serie de casos. Por ejemplo, si prueban que el marido ha sido cruel con ellas. Imagínate qué considerará cruel el macho juez de turno. Además se le suma el inconveniente de que en causas de divorcios, herencias y violencia sexual, el testimonio de una mujer vale la mitad que el de un hombre. Tras un divorcio no hay división de bienes y los hombres normalmente sólo están obligados a pasar una pequeña cantidad para la manutención de las criaturas, que suelen quedarse al cuidado de la madre, aunque el padre mantiene todo el poder de decisión sobre ellas. Como consecuencia, muchas mujeres divorciadas en Maldivas atraviesan situaciones de mucha vulnerabilidad económica, por decirlo suavemente. 

Más cosas. El sexo fuera del matrimonio está criminalizado y se castiga normalmente con latigazos. ¿Quiénes los sufren? Pues las mujeres en el 80% de los casos. Los hombres a veces se libran simplemente negándolo, apoyándose en ese valor doble de su testimonio, que les sirve también a menudo para librarse de cargos por violación. Es muy raro ver a un violador castigado en Maldivas. Además, para que se considere violación tiene que haber habido una clara violencia física. Si no, el caso se interpreta como “sexo extramarital forzado”, y eso nos devueve a la casilla de salida: latigazos para la propia mujer violada. 

En cuanto a la violencia machista, los datos sobre su extensión son escasos. No tenemos cifras de feminicidios, por ejemplo. Un estudio de 2007 señalaba que alrededor del 30% de las mujeres maldivas justifican que su marido les pegue por cuestiones como salir por ahí sin su permiso, quemar la comida o negarse a tener sexo. 

La inseguridad en las calles y la extensión del acoso callejero son otros temas que siempre se señalan en Maldivas. El 96% de las mujeres dicen haber sido acosadas sexualmente por la calle: el 40% de ellas, lo fue antes de cumplir los 10 años. Desde 2012 hay una ley de violencia doméstica, pero luego los planes de acción para implementarla apenas se dotan de fondos, así que sirve de poco. 

El aborto está prohibido salvo por motivos médicos y previo consentimiento del marido. Si no estás casada, directamente es ilegal que tengas sexo, así que… Al final, como en todas partes, la prohibición de abortar se traduce en la extensión de abortos clandestinos, que se practican en clínicas privadas de Maldivas o en las vecinas India y Sri Lanka. Por cierto, algunos informes indican también que hay un problema de embarazos extramatrimoniales de mujeres jóvenes con discapacidad, aunque de nuevo sin dar cifras. 

Para evitar el frecuente recurso a abortos ilegales, el Gobierno intenta extender el uso de métodos anticonceptivos, pero solo entre parejas casadas, claro. La posesión de condones por parte de mujeres solteras es considerada por la policía como un indicio de prostitución. Y es que, aunque la prostitución es completamente ilegal, se estima que hay entre 1.000 y 2.000 mujeres prostituidas en Maldivas, muchas de ellas extranjeras víctimas de la trata que son explotadas en burdeles ilegales. En 2011 hubo una gran polémica porque se destapó que los spa de algunos resorts eran solo la tapadera de más burdeles. Inicialmente, el presidente ordenó cerrar todos los spa, pero tuvo que recular rápido ante las presiones de la industria hotelera. En algunas islas muy concretas parece ser que hay también un problema de prostitución infantil, con menores que son prostituidas por sus propios familiares. Como siempre, todas las referencias y bibliografía, bajo el reproductor de este podcast en radiojaputa.com.

REFERENCIAS

 

Informe sobre varios aspectos de la desigualdad de género en maldivas: Country Maldives SIGI 2019 Category N/A SIGI Value 2019 N/A Discrimination in the family 80% Legal framework on child marriage (se abre en una pestaña nueva)