Situación de las mujeres en Pakistán

Pakistán es un lugar del que sabemos poco a pesar de que es un país muy relevante a diferentes niveles. Por ejemplo, es el quinto país más poblado del mundo, con más de 250 millones de habitantes, y en unos años seguramente se convertirá en el tercero, siguiendo a la India y China. Pakistán se independizó del Reino Unido en 1947, e inicialmente era un país partido en dos, con la India de por medio: estaba el Pakistán occidental y el Pakistán oriental. Este último se independizó a su vez en 1971 y es el actual Bangladesh. Pakistán tiene una posición estratégica, porque hace frontera con Irán, Afganistán, China y la India. Con la India, además, mantiene desde hace 80 años un conflicto por el control de la región de Cachemira, que ha dado lugar a varios enfrentamientos militares abiertos. Es uno de los puntos calientes más peligrosos del mundo, porque tanto India como Pakistán tienen armamento nuclear. Pakistán es, de hecho, el único país musulmán que tiene armas nucleares. Con Irán, otro de sus vecinos, tampoco se lleva nada bien, pero con Afganistán y sobre todo con China se entiende mejor. Es un secreto a voces que Pakistán ayudó a los talibanes a recuperar el poder en Afganistán, por ejemplo, aunque oficialmente siempre lo ha negado. Pakistán, hay que añadir, tiene unas relaciones bastante malas con EEUU, porque en los años 80 apoyó a los estadounidenses frente a los soviéticos en Afganistán, y luego, en cuanto dejaron de necesitarlos, EEUU les dio rápidamente la espalda y encima les pusieron un montón de sanciones por su programa nuclear.

Más del 95% de la población paquistaní es musulmana, pero hay muchas diferencias étnicas, culturales y lingüísticas, las cuales han generado conflictos internos de cierta consideración. Uno de los grandes problemas del país es el terrorismo islamista radical. En las últimas dos décadas, los atentados y enfrentamientos con grupos como el Movimiento de los Talibanes Pakistaníes, han causado más de 70.000 muertos. 

Pakistán se caracteriza también por tener un alto índice de pobreza y mucha desigualdad social… realmente, es un país controlado por unas pocas decenas de familias. Ese grado de pobreza, que es especialmente visible en las zonas rurales, es el que lleva a tantas personas a emigrar, haciendo que la diáspora paquistaní sea de las más grandes del mundo. En España hay más de 100.000 paquistaníes actualmente, y en el Reino Unido, por ejemplo, hay medio millón y otro millón de descendientes.

Los recursos de Pakistán proceden en gran parte de ayudas internacionales, y es que allí se pagan muy pocos impuestos por la enorme tasa de pobreza que hay. Gran parte de la población se dedica a la agricultura de subsistencia o trabaja de forma muy precaria en la principal industria del país, la textil. Además, el poder político está muy mediatizado por la influencia de los militares. Ha habido tres golpes de Estado en la corta historia del país, el último en 1999. Actualmente se celebran elecciones multipartidistas, aunque bastante poco transparentes.

¿Y qué podemos decir sobre la situación de las mujeres y niñas? Bueno. Lo primero que hay que aclarar es que al haber muchas diferencias entre grupos étnicos, clases sociales y regiones de Pakistán, la situación de algunas provincias rurales y muy ancladas en tradiciones ancestrales no es la misma que la de las zonas urbanas más avanzadas, por ejemplo. Así que nos limitaremos hoy a dibujar a grandes rasgos la situación en general, y algunos de los aspectos más preocupantes.

Como sabéis, Pakistán es una República Islámica. En 1977, un golpe de Estado militar derrocó al presidente Bhutto, líder de un partido relativamente progresista y sensible a la situación de las mujeres, que impulsó por ejemplo una Constitución que reconocía la igualdad entre sexos. Tras el golpe de estado se estableció una dictadura militar que duró una década e impulsó una fuerte islamización. Sacó adelante una legislación basada en la sharía, que contemplaba la segregación por sexos en muchos espacios, prohibiéndose a las mujeres -por poner un ejemplo- asistir a espectáculos deportivos. Estableció códigos de vestimenta estrictos para las mujeres, penalizó las relaciones extramatrimoniales y el adulterio de manera muchísimo más severa en el caso de las mujeres y, en general, les puso obstáculos de todo tipo. Por ejemplo, a una mujer violada se le ponían todo tipo de trabas para probar esa violación, y encima de no poder probarla, era ella la que acababa en la cárcel por denunciar falsamente y por tener sexo fuera del matrimonio. Hasta que se revirtieron en parte estas leyes años después, se calcula que 1/3 de las presas en Pakistán estaban ahí acusadas de adulterio o sexo extramatrimonial.

Esa legislación islamista ha tendido a perdurar en Pakistán, a pesar de los esfuerzos de algunos gobiernos posteriores por ir limitándola. Cuando acabó esta dictadura militar, a finales de los 80, llegó al poder una mujer, Benazir Bhutto, la hija del presidente derrocado, una socialdemócrata de ideas laicistas que fue la primera presidenta de un país musulmán, fue primera ministra de 1988 a 1990 y luego otra vez de 1993 a 1996. Después, como a muchas os sonará, fue asesinada por islamistas radicales en 2007, cuando era líder de la oposición. Ella intentó derogar la legislación islamista discriminatoria contra las mujeres, pero no lo consiguió. 

En el siglo XXI, sobre todo, sí se han conseguido derogar parte de las leyes islamistas más discriminatorias para las mujeres, y también se han conseguido sacar adelante leyes y políticas tendentes a mejorar la situación de discriminación por sexo. Siempre con muchísimos problemas y haciendo frente a una fuerte oposición de grupos islamistas del país. Se han penalizado duramente las violaciones (aunque por ejemplo no existe el delito de la violación matrimonial), se han penalizado también duramente prácticas como los asesinatos por honor o los matrimonios forzosos, y también se han sacado adelante algunas políticas para mejorar la situación de las mujeres en ámbitos en los que siempre han estado muy discriminadas: el laboral, el educativo, el ámbito de la salud, el de la justicia o el económico. Se ha creado un Ministerio de Desarrollo de la Mujer; más recientemente, en 2019, se han creado más de mil juzgados especiales para casos de violencia machista. Aunque, bueno, también tenemos juzgados especializados aquí que ya sabemos cómo funcionan. Antes, a finales de los años noventa, se fundó ya un banco estatal destinado a facilitar crédito a mujeres. Se han puesto en marcha también centros de estudios de la mujer en varias universidades, etc. Lo que está claro es que detrás de estos cambios ha habido siempre mujeres. En Pakistán hay un activismo feminista potente desde la propia fundación del país, con mujeres como Fatima Jinnah, que de hecho estuvo ya cerca de presidir Pakistán en los años 60. Gracias a ese activismo, las paquistaníes tienen derecho a voto en elecciones nacionales desde la década de 1950, por ejemplo. Y las recientes mejoras en ámbitos como la educación o la criminalización y persecución de los violadores, tienen todo que ver con el papel de mujeres como Mukhtaran Mai, que fue víctima de una violación grupal en 2002 y se convirtió después en una activista clave en la lucha contra la violencia machista. O como Malala Yousafzai, activista por la educación femenina desde muy niña, que fue víctima de un atentado talibán cuando solo tenía 15 años por ese activismo, y que ganó el Nobel de la Paz en 2014. 

De todas formas, los avances que ha habido en los últimos años en casi todos los ámbitos en relación con la situación de las paquistaníes, son también bastante modestos e insuficientes. Quizá en el ámbito de la educación sea donde hay mejores resultados, porque sí se está acortando la brecha educativa entre ambos sexos. Pero, todavía hoy, apenas un 53% de las mujeres saben leer y escribir, mientras que entre los hombres ese porcentaje es del 68%. En algunas zonas rurales las diferencias en la asistencia escolar son todavía enormes. Sobre todo, porque en la cultura tradicional se sigue viendo a veces la educación femenina como una pérdida de tiempo. También porque en algunos lugares hay pocas escuelas femeninas, y porque hay zonas donde pesa mucho el islamismo radical, que se opone a la escolarización femenina. Ha llegado a haber atentados terroristas contra escuelas de niñas.

El porcentaje de asistencia a la universidad de hombres y mujeres es parecido, aunque ese nivel universitario está reservado para élites y clases medias, eso sí. Pero sucede que muchas de esas tituladas no ejercen después. Está bien visto que sean cultas, pero luego sus maridos muchas veces no les permiten trabajar. De hecho, el 75% del mercado laboral lo integran varones. Aunque muchísimas mujeres, sobre todo en el sector agrícola, trabajan sin figurar oficialmente en ningún sitio, de manera totalmente informal. La presencia de mujeres en altos cargos directivos o funcionariales es muy minoritaria, de apenas un 5%. En política hay cuotas establecidas y por ejemplo en el parlamento son alrededor del 20%.

En las zonas rurales, el acceso de las mujeres a la sanidad es muy muy precario. De nuevo hay activistas feministas como la cardióloga Sania Nishtar, y ONGs como “Venas Azules”, tratando de mejorar esa situación. Por ejemplo, solo un 20% de las embarazadas dan a luz asistidas por profesionales, lo que deriva en tasas altas de mortalidad femenina. El aborto, ilegal salvo que esté en riesgo la salud de la madre, también es practicado muchas veces de manera clandestina y sin ninguna garantía, y también se producen muertes por esa causa. Es difícil saber cuántas porque esos casos se tapan, para evitar el deshonor o el estigma a las familias. 

Por último está el gran problema de la violencia machista. Uno de los ámbitos en los que es más visible la diferencia entre lo que dice la ley y lo que ocurre en la práctica. El número de violaciones se sabe que es altísimo, pero muy pocas llegan a los juzgados. Las mujeres no se atreven a denunciar, cuando lo hacen muchas veces la policía no les hace caso, y con los jueces no suele irles mucho mejor. Se estima que unas 5000 mujeres son asesinadas al año por violencia machista, por maridos o por familiares fundamentalmente. Cinco mil mujeres, en un país -recordemos- de 250 millones. En algunas zonas siguen produciéndose los llamados “asesinatos por honor”: mujeres que son asesinadas por familiares por supuestas infidelidades, por negarse a un matrimonio concertado, por querer divorciarse o a veces simplemente por haber sufrido una violación. Entre 500 y mil mujeres mueren por este tipo de homicidios cada año. También muchas son asesinadas por el problema de la dote. Cuando se casa una mujer, la familia de ella tiene que darle una dote al marido, y si el marido o su familia consideran que esa dote es insuficiente, a veces lo pagan torturando a la novia, forzándola al suicidio o matándola directamente. Una forma concreta de ese tipo de asesinatos es la de “quemar”, literalmente, a la novia, una práctica que se cobra unas 300 vidas cada año. El maltrato físico y psicológico es corriente y se tapa socialmente, aunque los estudios varían mucho a la hora de estimar su incidencia. Son frecuentes también los ataques con ácido a las mujeres, por esos motivos de supuesto “honor” que os comentaba. Y también se siguen produciendo, sobre todo en algunas zonas, matrimonios concertados y forzados, a menudo de menores de edad. Muchas veces, esos matrimonios se usan como forma de dirimir disputas o de saldar deudas entre familias.

Insisto en que la situación varía mucho entre las zonas rurales y urbanas, y entre unas provincias y otras de Pakistán, que es un país grande, algo así como España, Italia y Portugal juntas. En el tema de la vestimenta de las mujeres, por ejemplo, hay zonas donde pesa mucho el islamismo radical y se implementan los códigos islámicos de vestimenta a rajatabla, y zonas urbanas donde las mujeres visten de forma totalmente libre. Del tema de la situación de lesbianas y gays no os hablo porque no hay mucho que decir: como en otros países musulmanes, la homosexualidad está prohibida y penada con cárcel. En cambio, como suele ocurrir, la transexualidad sí está reconocida y se permite el cambio de sexo registral.

REFERENCIAS