Actualización de la situación de las mujeres en Afganistán

En el momento del recorrido que hicimos por la situación de las mujeres en Agfanistán, Estados Unidos y el resto de potencias occidentales acababan de abandonar precipitadamente el país, el cual habían invadido dos décadas antes, tras el ataque a las torres gemelas, con el teórico propósito de democratizarlo y de liberar a la población del yugo de los talibanes. En ese intervalo, desde 2001 hasta 2021, hay una guerra que deja 200.000 muertos, una cuarta parte eran civiles. EEUU y compañía se van en 2021, así de pronto, dejando a los talibanes otra vez como dueños y señores del país, y abandona a su suerte a toda la gente que los apoyó, dejando claro que su intención nunca fue salvar a nadie de los talibanes. De hecho, se van dejándolos al mando de Afganistán. En resumen, consiguen 20 años de guerra, de destrucción y de muertes para que todo volviera a ser como ya era. 

Las mujeres y las niñas han sido, sin duda alguna, las principales damnificadas de la nueva situación, porque los talibanes han ido sacando adelante un programa de invisibilización y sometimiento de la mujer que no tiene parangón en ninguna parte del mundo. Y fijaos lo que es decir esto, primas, con las barbaridades que se perpetran contra niñas y mujeres, en muchos países incluso de forma legal, como hemos ido viendo en nuestros programas en estos últimos años.

Cuando los talibanes retoman el poder, el Ministerio de la Mujer deja de existir y es reemplazado por un Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, que abreviadamente los medios suelen llamar Ministerio de la Moral. A finales del mismo 2021, prohíben a las mujeres hacer viajes de más de 72 kilómetros si no van acompañadas por su marido o por un pariente varón cercano, una figura a la que se denomina “mahram”, una especie de “guardián”. Esas restricciones de movilidad han ido aumentando aún más conforme pasaban los meses y los años: autobuses segregados por sexos, prohibición de subirse a un taxi si no van con su guardián…. y, finalmente, los talibanes acaban prohibiendo directamente que las mujeres puedan salir solas a la calle. 

También en 2021 fue cuando los talibanes sacan a las niñas de la educación secundaria, prohibiéndoles estudiar si tienen más de 12 años. En principio, según dijeron para evitar presiones de la comunidad internacional, solo iba a ser algo temporal, en lo que adaptaban las infraestructuras para que se pudiese impartir una educación totalmente segregada por sexos. Pero claro, su intención no era para nada que fuese temporal, como confirmó un decreto de finales de 2022, que no solo asentó aquello sino que  prohibió también a las mujeres estudiar en cualquier universidad, tanto pública como privada. Entonces hubo algunas protestas de mujeres, que fueron duramente reprimidas, y las activistas que se atrevieron a oponerse a los talibanes acabaron en la cárcel, donde sabemos que han sufrido torturas y todo tipo de humillaciones.

También se ha ido excluyendo progresivamente a las mujeres del mundo laboral, hasta el punto de que actualmente ya solo se las encuentra en la educación infantil y en el ámbito de la salud, atendiendo a otras mujeres y estrictamente segregadas de todo contacto con varones, incluidos sus compañeros sanitarios. Se las ha expulsado completamente del espacio público y se les ha prohibido hacer cualquier tipo de actividad de carácter lúdico. No pueden ir a parques, jardines, restaurantes y, por supuesto, tampoco a espacios para la práctica deportiva, porque tienen prohibido hacer deporte. También se cerraron los salones de belleza en el verano de 2023, que era uno de los pocos espacios donde las mujeres todavía podían encontrarse entre ellas.

La vestimenta, por supuesto, ha sido reglamentada hasta el extremo. Una mujer tiene que llevar el burka, cubierta de la cabeza a los pies, sin mostrar siquiera los tobillos. También se les prohíbe, por ejemplo, llevar pantalones acampanados por debajo del burka, o zapatos de tacón, para que los hombres no escuchen el ruido que hacen al caminar con ellos ya que es muy tentador para ellos cualquier sonido que las mujeres puedan emitir. Según la nueva ley de moralidad, directamente las mujeres no pueden ser vistas ni escuchadas por los varones que no sean familiares. Las ventanas de los domicilios deben ser opacas y no pueden ni asomarse a ellas. Tampoco se pueden tomar, publicar ni conservar imágenes no ya solo de niñas y mujeres, sino de cualquier ser vivo en general. No pueden ni llevar una foto de su perro en la cartera. Además, las mujeres no pueden ser escuchadas en público. Se les ha prohibido hablar y, en estos últimos días, hemos sabido de una nueva disposición que les prohíbe también rezar lo suficientemente alto como para que otra mujer pueda oírlas. Tampoco se las puede escuchar leer en voz alta, o cantar, aunque estén haciéndolo en el interior de sus casas. 

Contra estas disposiciones, algunas afganas iniciaron una campaña en redes sociales en la que se grabaron cantando, y por fin parece que hay una reacción -que veremos hasta dónde llega- de la comunidad internacional. Recientemente, Canadá, Reino Unido, Australia y Países Bajos han manifestado su compromiso de denunciar a Afganistán ante el tribunal de la Haya por practicar el apartheid de género si la situación no se revierte en 6 meses (sí, lo han llamado apartheid de género, como si los talibanes se fijaran en el género expresado y no en el sexo para machacar expresamente a niñas y mujeres). Afganistán sería el primer país en ser acusado de algo así ante el Tribunal Internacional de Justicia, y podría ser importante. Tres años han hecho falta para que esto se ponga en marcha, amigas. Sería importante, como decíamos, porque el hecho de que se reconociera lo que están haciéndole a las mujeres como un crimen contra la humanidad, facilitaría, al menos, la obtención de asilo a las mujeres afganas que puedan escapar de esa situación, y que ahora mismo están absolutamente abandonadas.  

Los efectos de la legislación que os acabamos de explicar son terribles a todos los niveles, y lo peor es que apenas los conocemos a ciencia cierta. Hay muchos indicios de lo que están provocando pero, por supuesto, no hay posibilidad de conocer toda la información. Sí sabemos que el hecho de sacar a las mujeres del ámbito laboral y educativo está haciendo aumentar los matrimonios forzosos e infantiles, con familias que casan a sus hijas pequeñas con talibanes para obtener recursos o al menos tener una boca menos que alimentar. La policía de la moral, los llamados mohtasabeen, te pueden dar una paliza o detenerte y recluirte durante días por cosas como, por ejemplo, llevar un burka que no te cubra los tobillos. También sabemos que están aumentando la depresión y los suicidios de mujeres, que tienen además un acceso nulo a servicios legales, cero posibilidades de escapar de situaciones de violencia y cada vez un peor acceso también a los servicios sanitarios. Era de prever que la salud mental de las afganas era lo primero que iba a deteriorarse. Y posiblemente la situación empeore, porque hasta ahora, al parecer, en lugares como Kabul no se está aplicando totalmente esta legislación, suponemos que porque les faltan medios para vigilar y castigar de manera efectiva a todas las mujeres. Irá a peor salvo que internacionalmente se presione a los talibanes, se los presione más y de manera más efectiva, que es algo que tampoco se está haciendo mucho, como sabéis.

REFERENCIAS