Buen lunes y buena semana a todas, compañeras. Hoy comenzamos viajando hasta Cuba. Un país súper atractivo en el caso de los derechos de las mujeres, aunque tiene -como vamos a ver- luces y sombras. Vamos primero a hacer un resumen para situarnos.
Cuba fue una colonia española hasta hace 120 años. Un lugar del que España sacaba beneficios enormes gracias a las producciones de azúcar y tabaco y a la utilización de mano de obra esclava cubana. España solo abolió de forma definitiva la esclavitud en Cuba en 1886. Para entonces, la ciudadanía cubana ya venía sublevándose contra el poder colonial, y en 1898, tras una última guerra que duraría 3 años, Cuba logró echar a los españoles con ayuda de los Estados Unidos. Sí, amigas, Estados Unidos, como habréis supuesto, la idea de los yanquis era poder explotar ellos mismos la isla, claro. El imperialismo no da puntá sin hilo, y Estados Unidos no se mete en ningún país si no puede sacar tajada.
A finales del siglo XIX y principios de XX, obviamente, la sociedad cubana era machista y el papel reservado a las mujeres era mayormente ser madres y cantar las alabanzas de los maridos. Pero aun así, Cuba ya apuntaba maneras, y en las guerras de independencia contra España las mujeres jugaron un papel crucial, como por ejemplo Mercedes Sirvén, que llegó a ser comandante del Ejército Libertador Cubano.
En 1902 se proclamó la independencia de la República de Cuba, que sin embargo en la práctica funcionó casi como un protectorado de los Estados Unidos, que llegó incluso a ocuparla militarmente durante algunos años. En general, las primeras décadas de la historia de esa Cuba independiente estuvieron marcadas por la inestabilidad, la influencia enorme de los EEUU, la corrupción y altos niveles de miseria entre la población.
El feminismo se organizó pronto. A principios del siglo XX aparecieron clubes y partidos feministas que reclamaban el sufragio femenino y mejoras laborales para las mujeres. En 1925 se fundaría el Partido Comunista Cubano, que también lucharía por la igualdad entre sexos. En los años 30 y 40 se emprendieron reformas muy avanzadas para la época, especialmente si se compara a Cuba con otros países latinoamericanos: las cubanas vieron reconocido su derecho al voto en 1934 y dos años después se aprobó una ley del aborto de supuestos, que era algo que todavía muy pocos países del mundo tenían. También se aprobaron en esa época una Ley de Maternidad y una Ley de Divorcio… Finalmente, en 1940 una nueva Constitución proclamó la igualdad de derechos en todos los ámbitos, un paso impensable en gran parte del mundo, pero como suele ocurrir, lo cultural pesaba más, y en la práctica esa igualdad no llegaría a completarse.
La situación a pie de calle era muy difícil para las mujeres, con una sociedad muy machista, y la desigualdad era patente en todos los ámbitos. Por ejemplo, aunque las estimaciones varían, se puede decir que en los años 50 no más del 15% de los trabajadores eran mujeres, muchas de ellas sirvientas con sueldos de miseria. Y las mujeres padecían también más que los hombres el déficit formativo que había en un país con altas tasas de analfabetismo.
En 1952 hubo un golpe de Estado militar, encabezado por Fulgencio Batista, que curiosamente había sido presidente electo una década antes y había llevado a cabo reformas aperturistas. Pero cuando llegó al poder por este golpe militar, instauró una dictadura autoritaria, corrupta y muy represora. Poco se ha hablado de Batista porque, claro, no era comunista. A finales de 1956 Fidel Castro desembarcó en Cuba desde México, donde estaba exiliado, al frente de unos cuantos hombres, e inició una revolución contra la dictadura que finalmente triunfó dos años después.
Con el triunfo de la Revolución Cubana en 1958 vinieron mejoras evidentes para la población a muchos niveles, especialmente en ámbitos como el educativo o el sanitario. Además Cuba logró sacudirse la tutela estadounidense. Yankis go home. Y se fueron pa su home. Para las mujeres la Revolución también trajo cambios evidentes y muy positivos en varias parcelas. Vamos a enumerarlas.
Desde el punto de vista educativo, la Revolución convirtió un país con tasas altísimas de analfabetismo en uno de los más alfabetizados del mundo. Además, las mujeres llegaron a superar a los hombres en formación. A día de hoy, ellas son más en todos los niveles educativos, también en las universidades, y en la mayoría de ramas del saber. Esta mejora ha ido paralela a un proceso importantísimo de incorporación de la mujer al mundo laboral. Actualmente, el 40% de la fuerza laboral está compuesta por mujeres.
Las mujeres también han conquistado derechos fundamentales. En los años 60 el aborto se convirtió en libre, legal y gratuito, practicado a petición por el sistema público de salud. En cuanto al aborto Cuba siempre ha sido un país muy avanzado, sobre todo dentro del contexto hispano. Se ha dicho que el hecho de que el catolicismo en Cuba sea tan particular, con influencias de la religión yoruba y de otras prácticas religiosas tradicionales, ha hecho que los prejuicios antiabortistas católicos no pesasen tanto.
En 1975 se aprobó también un Código de Familia que establecía la igualdad de derechos y responsabilidades en el ámbito privado entre hombres y mujeres. Ese código ha sufrido modificaciones posteriores y a partir de él se han ido regulando obligaciones compartidas de cara al cuidado de los niños o derechos como el divorcio, por ejemplo. A día de hoy Cuba es uno de los pocos países que garantizan por ejemplo guardería gratuita para facilitar la conciliación, una baja de maternidad remunerada de seis meses y una baja de paternidad también remunerada.
Dicho esto, tenemos que hablar también de los límites de este camino hacia la igualdad. Al final el impulso de cambio choca con una sociedad con una carga cultural muy machista. Y hay tres o cuatro aspectos en los que las compañeras feministas cubanas inciden:
El primero de esos aspectos es el de la plena igualdad tanto en el ámbito laboral como en el doméstico. Está lejos de haber una situación paritaria sobre todo cuando nos fijamos en los puestos directivos, que siguen estando claramente masculinizados. El famoso techo de cristal, vamos. A nivel político se aprecia también con claridad: las mujeres son más de la mitad de los parlamentarios cubanos, pero en el Gobierno están infrarrepresentadas: por cada tres ministros hombres hay una mujer, y si nos fijamos en los viceprimeros ministros, vemos que hay una mujer y cinco hombres. Cuanto más arriba, en casi cualquier ámbito laboral, menos mujeres. Y esto tiene mucho que ver, claro, con la realidad del ámbito privado: a pesar de las leyes, las campañas de sensibilización y demás, las cubanas siguen cargando con el hogar a sus espaldas. La Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género de 2016 revelaba por ejemplo que las cubanas hacen 14 horas semanales más que los varones de trabajos no remunerados: cuidados, tareas del hogar, etc. Una brecha muy parecida a la española.
Además, hay que añadir que a la opresión sexual se le añaden otras como la racial, de forma que la situación de las mujeres afrocubanas es claramente peor en términos de poder y de capacidad económica. Os colgaré una entrevista con una activista feminista negra cubana para que accedáis a su propio relato.
El segundo aspecto que las feministas cubanas reclaman es la mejora urgente es el de la violencia machista. Desde el Gobierno se hacen campañas sobre este problema pero poco más. En 2016 el Estado reconoció que había habido un feminicidio por cada 100.000 habitantes, pero no se publican estadísticas detalladas sobre violencia machista. Solo tenemos la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género de 2016, donde un 26.7% de las encuestadas decían haber sido víctimas de violencia en el hogar en los últimos doce meses. Fuentes independientes han señalado que en los 11 primeros meses de 2020 hubo al menos 29 feminicidios, y otras estimaciones para años anteriores que hablan de más de 50 asesinadas anuales a manos de parejas o ex parejas. En un país de 11 millones de habitantes, está claro que el problema es muy serio. A finales de 2019 un grupo de unas 40 feministas presentaron una petición a la Asamblea Nacional para aprobar una ley integral de violencia de género que proteja a las mujeres de forma específica, y parece que el tema está en la agenda del gobierno.
El tercer aspecto en el que quiero fijarme es en el de la situación de las compañeras lesbianas. En Cuba la homosexualidad estuvo perseguida hasta finales de los 70. En 1979 se legalizó, pero a la comunidad LGTB todavía le faltan derechos. No están reconocidas por ejemplo las uniones entre personas del mismo sexo, con lo que eso implica a la hora de acceder a prestaciones o derechos derivados de ese reconocimiento como permisos, pensiones o herencias. Las lesbianas de Cuba denuncian la lesbofobia de la sociedad y aseguran que dentro del colectivo LGTB son ellas y los hombres trans los que sufren mayor invisibilización. Luego las feministas tenemos que escuchar que el sexo no es motivo de ninguna opresión. Qué va. No hay jerarquía sexual, para nada. También aquí en España, dentro del colectivo LGTB son las lesbianas y hombres trans de los que nunca se habla. Habréis escuchado mil veces eso de “las mujeres trans son mujeres y punto”, pero dudo que ninguna de nosotras haya leído o escuchado algo como “Los hombres trans son hombres y punto”. Sobre la lesbofobia del transgenerismo también hablaremos en el especial sobre la ley trans que estamos preparando.
En los últimos años, desde el Gobierno cubano se está poniendo más atención en concienciar y proteger a la comunidad LGTB, con Mariela Castro, hija de Raúl Castro, trabajando en este sentido desde el Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba. También se viene organizando cada vez con más fuerza un movimiento de activistas lesbianas, y además la nueva Constitución de 2019 parece que puede abrir el camino a una próxima aprobación del matrimonio homosexual.
Por último, creo que a todas las abolicionistas un tema que nos preocupa especialmente en Cuba es el de la prostitución. La prostitución no está permitida pero tampoco penada, y aunque en alguna época el Gobierno intentó acabar con ella, por ejemplo con la llamada “Operación Lacra” a finales de los años 90, lo cierto es que ahí sigue. El país sigue siendo un destino claro de turismo sexual para puteros de todo el mundo.
REFERENCIAS: