Como vimos en el Radiojaputa 133, al recorrer la situación de las mujeres en la URSS, el primer país en legalizar el derecho al aborto es la Rusia soviética, en 1920. Este logro del feminismo bolchevique contribuye a expandir por todo el mundo occidental el debate sobre nuestros derechos reproductivos y nuestra autonomía corporal. En 1935, Islandia se convierte en el segundo país en regular el aborto, pero no desde el paradigma de la libre decisión de las mujeres, como en el caso ruso, sino restringido a una serie de supuestos médicos y éticos.
En España, gracias a los avances que consiguen las mujeres para sí mismas y al peso social del feminismo durante la II República, se saca adelante un primer marco legal pionero al poco de iniciarse la Guerra Civil… aunque sólo para Cataluña. Un Decreto de la Generalitat, publicado en enero de 1937, autoriza la interrupción del embarazo en la red pública de salud, permitiéndola por motivos terapéuticos, eugenésicos, éticos o sociales. Dicho de otra manera: por riesgo para la salud de la embarazada, por malformaciones en el feto y en casos de violación o de miseria extrema que fuese a hacer imposible criar a nadie. El plazo general en el que se podía abortar era de 12 semanas, aunque por motivos graves de salud se podía hacer también después.
Como sabemos, todo lo conseguido durante la República fue un espejismo, esto también, ya que el triunfo de Franco reinstaura la penalización del aborto, con penas de cárcel muy altas para las mujeres que abortan y todavía más para quienes practican el aborto. Por supuesto, en la España franquista se sigue abortando, de manera clandestina, recurriendo a la tradicional “abortera de barrio”, o cogiendo un avión a Londres… quien puede permitírselo, claro. El número de mujeres que mueren durante la dictadura por este motivo se desconoce. Eso sí, se estima que son más de 200.000 españolas abortan en Reino Unido y Holanda desde 1974 hasta la aprobación de la ley del aborto de 1984. Muchas lo hacen antes, y también en otros sitios como París, pero no hay registros antes de la década de los 70. Incluso sabemos que miles de mujeres siguen abortando en el extranjero en los años siguientes a la aprobación de la ley del 84, no dejaron de hacerlo así hasta que en España empezó a funcionar bien lo dispuesto en la ley.
El largo caso de “las 11 de Basauri”, que se prolonga de 1976 a 1985, es clave para catalizar la movilización feminista, concienciar a la sociedad y poner rostro a la desigualdad penal, porque estas once mujeres son detenidas por haber abortado o practicado abortos en España mientras que a las mujeres pudientes que abortan fuera no se las persigue.
Finalmente, en 1985, el PSOE despenaliza el aborto, pero solo en tres supuestos: violación, malformación fetal y riesgo para la salud de la mujer. Este último caso sirve para que las mujeres accedan con facilidad a un aborto seguro, ya que el riesgo para la salud de la embarazada en esta ley no solo se refiere al físico, sino también el psicológico. Pero este no dejaba de ser un modelo que no contemplaba la libre decisión de las mujeres, y había que urdir estratagemas y aliarte un poco con la médica o médico de turno. Nuestra voluntad no bastaba, vaya, era necesario el aval médico que legitimara nuestra decisión.
Hablamos del PSOE porque es quien estaba en el poder, pero el partido que presionaba sin ambages para su consecución era Izquierda Unida, quien se hacía eco de las reclamaciones feministas y de las asociaciones creadas ad hoc para conseguir nuestro derecho a decidir. No olvidemos nunca que las feministas dentro del PSOE nunca han podido a solas con su propio partido, siempre han necesitado la ayuda de muchas, muchas otras mujeres para ganarle el pulso al machunado socialista. A día de hoy, a la vista está, las feministas dentro del PSOE van perdiendo cancha e incluso algunas han sido expulsadas. También mencionar que, Izquierda Unida, una vez conseguido el derecho de las mujeres a abortar, ha sido el partido encargado de denunciar desde la falta de implementación real del derecho al aborto hasta la escasa cobertura en hospitales públicos pasando por la objeción de conciencia como barrera para el acceso. Luego, IU es absorbida por Unidas Podemos, como sabemos, y ahí todo se va a tomar un viento fresquísimo.
El cambio de paradigma llega en 2010, con Bibiana Aído como Ministra de Igualdad y Trinidad Jiménez en Sanidad, del gobierno del PSOE, con Zapatero a la cabeza. La Ley Orgánica 2/2010 instaura la ley de plazos, con el aborto libre a petición hasta la semana 14 de embarazo, y hasta la 22 en supuestos de grave riesgo para la salud de la gestante o anomalías en el feto. Esta ley es realmente la primera que no se queda en la despenalización del aborto sino que lo trata como un derecho de las mujeres.
Con Rajoy, en 2013 y 2014, el ministro Gallardón, a quien nos vendían como “el progre del PP” cuando era alcalde de Madrid, intenta revertir la ley Aído y retroceder en el tiempo, a la ley del 85. Gallardón se enfrenta a un rechazo social brutal y, sobre todo, a la movilización feminista, con el maravilloso Tren de la Libertad, que da para su propia intro (sí os diré que la canción que suena se llama así, Tren de la Libertad, un homenaje de Marisa Valle Roso para ellas). El resultado fue un Gallardón empequeñecido que retira el proyecto y dimite con el rabo entre las piernas. Tanta paz lleve como dejó.
Un año después, en 2015, aun así, hay otro impulso restrictivo y se impone el consentimiento paterno para las jóvenes de 16 y 17 años que quieren abortar, algo que se anula después en una nueva reforma en 2023, destinada también a mejorar la accesibilidad al aborto. Porque como hemos hablado ya varias veces en Radiojaputa, en muchas zonas de España acceder a un aborto sigue sin ser en la práctica un proceso fácil, por falta de interés político, de profesionales, de clínicas… Hay administraciones, como la de Ayuso en Madrid, que lo están dificultando a un punto que roza la ilegalidad, como veremos después con nuestra invitada.
REFERENCIAS