Este día comenzó siendo el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Primero le quitaron el “trabajadora” con la excusa de que hay mujeres que no trabajan fuera de casa, como si trabajar dentro ni fuera trabajar. Tras quitarle el trabajadora a este día, como sabéis, vinieron según qué sectores de la sociedad a quitarle también la palabra “mujer”. Total que en pleno 8M hemos visto carteles oficiales como la de Madrid que decía simplemente Aquí estamos las feministas, jaja, ay, señor. Pero lo cierto es que el 8M empezó a conmemorarse a raíz de una decisión de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910. Al principio no era exactamente el 8 de marzo, pero en los años siguientes fue fijándose esa fecha en países como Alemania, Suecia o Rusia, que estuvieron entre los primeros en institucionalizar el Día de la Mujer. También fue muy relevante para la fijación de esa fecha el papel de las mujeres que se manifestaron ese día en Rusia, en 1917 (según nuestro calendario, porque en el calendario ruso de la época era 23 de febrero), que precipitaron el inicio de la revolución y la caída del Imperio zarista. Nos han repetido muchas veces por ahí que lo que se conmemora el 8M es una huelga de trabajadoras textiles neoyorquinas en el siglo XIX, pero según todos los indicios esto parece que es más bien una justificación que se creó a posteriori con la intención de desvincular el Día Internacional de la Mujer de sus orígenes socialistas.
En España, también tenemos nuestra propia efeméride feminista el 8 de marzo. Es una fecha clave para el feminismo español, porque ese día, en el año 1910, se aprobó el Real Decreto que permitió a las españolas matricularse en las universidades en igualdad de condiciones con los varones. La igualdad legal plena en el acceso a la educación fue la primera gran lucha y victoria de las feministas españolas. Sabemos que en 1936, justo después de la victoria electoral del Frente Popular, en la Segunda República, hubo actos por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, al menos en Madrid y en Barcelona, y que siguió habiéndolos los dos años siguientes, ya en plena guerra civil. Quizá se hicieran ya cosas antes de esas fechas, porque lo de fijar los inicios de los movimientos siempre es una cosa complicada para las historiadoras. Lo que sí está muy claro es que no se siguió celebrando después de la guerra: ya sabemos cómo se las gastó la dictadura con las mujeres.
En 1976, unos meses después de morir Franco, volvieron a convocarse manifestaciones feministas por el 8M, que fueron muy minoritarias y además acabaron reprimidas por la policía, porque no estaban autorizadas. Al año siguiente, en 1977, la Asamblea General de la ONU decidió proclamar oficialmente el 8M como “Día de las Naciones Unidas para los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional”, lo que dio cierto impulso a las celebraciones, pero aun así, y a pesar de que la movilización feminista durante los años de la transición fue muy importante, las manifestaciones del 8M no pasaron nunca de unos cuantos miles de asistentes en las principales capitales. De hecho, el 8M ha sido una cosa muy minoritaria hasta hace cuatro días, como quien dice. Vamos a tomar como termómetro la asistencia a las manifestaciones en Madrid, porque aunque no nos gusta nada el centralismo, siempre es más fácil encontrar los datos de la capital.
Entre el año 2000 y el año 2016, las manifestaciones del 8M en Madrid reunieron, el año que más, a 9.000 personas, y el año que menos, solo a 800. O sea, incluso en esos años de la indignación, de 15-M y de famosas consignas como “la revolución será feminista o no será”, las manifestaciones del 8M fueron muy muy modestas. Esto cambió en 2017, año en el que salieron a la calle 40.000 personas, ocho veces más que el año anterior. En 2018 la asistencia se multiplicó aún más, con 170.000 manifestantes en la capital. Estábamos en plena ebullición mediática del caso de la Manada, que sirvió un poco como catalizador de la indignación. Fue cuando se popularizó el “Hermana, yo sí te creo”. En 2019, la asistencia fue más masiva, con 375.000 personas en las manifestaciones de Madrid, y estamos dando los datos en todo momento de la Delegación del Gobierno.
2019 fue el año cumbre de la movilización feminista, y un hito de la movilización ciudadana en España en general: 220.000 manifestantes en Valencia, 200.000 en Barcelona, entre 50.000 y 100.000 en Sevilla, etcétera. Hubo movimiento por todas partes, fue tremendo. Es más, es que en algunas capitales pequeñas y pueblos fue más impresionante que en las grandes ciudades. En Segovia, por ejemplo, con poco más de 50.000 habitantes, hubo 11.000 en la mani del 8M. Estas manifestaciones, tanto la de 2018 como la de 2019, fueron además como sabéis acompañadas de una huelga de 24 horas, un paro completo que siguieron entre 5 y 6 millones de personas cada uno de esos años.
Y así llegamos a 2020, que es el año en el que empezó a cambiar de forma visible la escenificación de unidad del feminismo que más o menos se había ido manteniendo en los 8M. Digo la escenificación, porque en realidad las divisiones dentro del feminismo venían de muy lejos. Es más, en esos años más multitudinarios del 8M, 2018 y 2019, ya había por ejemplo en bastantes manifestaciones bloques abolicionistas, y también concentraciones abolicionistas previas a la manifestación oficial, por ejemplo. La fractura dentro del feminismo en torno a la prostitución, o al porno también, viene de lejos, ya os digo. Vamos, ya lo sabéis vosotras. Pero las discusiones sobre esos temas quedaban muchas veces en asambleas y organizaciones feministas y no trascendía luego a nivel mediático ni tenían gran protagonismo en el 8M. Pero hacia mediados / finales de las década de 2010, se fueron añadiendo choques y roces internos por otras cuestiones. Sobre todo por el impulso que Podemos y otros movimientos de izquierda con mucha presencia en el feminismo, decidieron darle a la agenda queer, con asuntos tan neoliberales e individualistas como la autodeterminación de género.
Cada vez más mujeres fueron dándose cuenta de que esa agenda ponía en cuestión las bases mismas del feminismo, que no es otra cosa que la abolición de la herramienta patriarcal por excelencia, el quid de toda la cuestión: el género. Además, colectivos claves dentro del movimiento, como las lesbianas, se vieron agredidas de forma directa por el discurso queer. Las lesbianas fueron la primera línea de base que empezaron a torpedear, siendo culpabilizadas dentro incluso de los movimientos feministas porque se negaban de base a mantener jamás relaciones con mujeres trans. Es curioso, porque por un lado siempre estaba en debate la supuesta transfobia de las lesbianas por negarse a dejarse penetrar, pero a las hetero tampoco es que nos hayan dicho muy a menudo que tenemos que mantener relaciones sexuales con hombres trans. Claro, al final, la jerarquía sexual es la que es en este sistema por eso se habla de mujeres trans pero jamás se habla de hombres trans porque nacieron mujeres. Tampoco se fuerza a los hombres, por supuesto, a que estén dispuestos a mantener relaciones sexuales con mujeres trans. Esto es una presión casi unilateral hacia las lesbianas. Y entra aquí el famoso “techo de algodón”, un concepto queer creado por cierto en el ámbito de la industria porno, y que ha servido para coaccionar a las lesbianas. Qué significa Techo de algodón, os lo leo directamente de la wikipedia: algodón es por el tejido de nuestras bragas, amigas, y la frase es una metáfora que se refiere a la barrera que enfrentan las mujeres trans cuando se les niega el acceso al sexo con las lesbianas”. Es el mismo argumento de los incels, exactamente el mismo, calcado, solo que aquí, quienes lo usan, tienen el aplauso de Gobiernos progresistas y asociaciones feministas.
De esta guisa llegamos al 8M de 2020, ya con Podemos en el Ministerio de Igualdad. Entonces, una parte de las compañeras, en algunas ciudades, decidieron hacer visible que no solo se estaban invisibilizando reivindicaciones claves de la agenda feminista sino que también se estaban legitimando discursos de odio hacia mujeres feministas solo porque seguían denunciando que el patriarcado no es otra cosa que un sistema donde un sexo oprime al otro. De repente, decir esto era discurso de odio, y ser abolicionista del género y sus estereotipos, era ser tránsfoba. Y muchísima gente lo compró. Y el sexo desapareció de la ecuación en cuestión de dos o tres años desapareció de todos los relatos para ser sustituida por el concepto género, que ya no significaba lo que había significado siempre, ya no era un constructo social represor basado en el sexo de las personas, sino que se trataba de algo bueno, inocuo y además elegible y hasta sentible.
En el mismo 2020 hubo una movilización abolicionista en Madrid que precedió a la oficial, y se produjeron incidentes cuando transactivistas de la mani oficial atacaron a las compañeras abolicionistas. Si alguna no lo recuerda o no se enteró, aún están los vídeos en Internet. Tuvo que intervenir la policía. También hubo problemas y agresiones de transactivistas al bloque abolicionista en Barcelona, además de en otras ciudades europeas como Bruselas, París o Lisboa. Por otra parte, esa manifestación del 8M de 2020, menos multitudinaria que en los dos años anteriores, con 120.000 manifestantes en Madrid, fue después estigmatizada y acusada por parte de la derecha y de la extrema derecha poco menos que de haber provocado ella solita la expansión del COVID. Porque, en fin, pudiendo culpabilizar a las feministas, pues para qué vamos a andar buscando más historia… Aquella campaña mediática contra el feminismo por parte de las derechas, sumada a la pandemia y a todos sus efectos, que además fueron especialmente duros para las mujeres, hicieron que en el 8M de 2021 estuviera limitado en número de asistentes, o incluso prohibidas por los tribunales, como sucedió en Madrid.
Ese mismo año, 2021, las feministas igualmente salimos a la calle pero el 23 de octubre. Todas recordaréis el éxito absoluto de la manifestación abolicionista en Madrid, porque muchas estuvisteis allí. Se fletaron autobuses desde muchas ciudades y también aviones desde las islas. La asistencia fue increíble y la mani muy muy emocionante, os recomendamos recordarlo en el Radiojaputa 136.
Meses después de aquel 23O, y tras esta demostración de músculo feminista, la separación del feminismo de la agenda queer se terminó de consumar el 8M de 2022. En muchas ciudades españolas hubo bloques abolicionistas dentro de las manifestaciones oficiales, y en otras directamente manifestaciones separadas de la oficiales (una veintena en todo el país). En Madrid, la convocatoria oficial, organizada por la Comisión 8M, reunió a 50.000 personas según la Delegación del Gobierno, y a la manifestación abolicionista alternativa ya fueron 6.000. Nada de movilizaciones ni de bloques, mani completa con sus miles de mujeres. La constatación absoluta de que el feminismo se desvinculaba de la mitad fiesta mitad agresión, llena de purpurina, eso sí, en la que habían convertido un día para las mujeres. 6000 mujeres es un éxito tremendo, pero lo es más aún si tenemos en cuenta que estas movilizaciones no sólo no tuvieron apoyo institucional y mediático, sino que de hecho fueron silenciadas y hasta atacadas con todo tipo de falacias.
De forma muy resumida, podemos decir que las tres grandes banderas de las manifestaciones feministas, que explican la escisión a nivel de agenda política, son:
El rechazo de la prostitución y de la pornografía. Frente a las manifestaciones institucionales, que no tienen mayores problemas ni con una ni con otra, como ya sabéis. Ni aparecen en sus manifiestos. De igual forma, la ministra de igualdad dijo no mover un dedo por la abolición de la explotación sexual porque ese era un debate dentro del movimiento feminista y ella ahí no se metía. A diferencia de las leyes trans, que el consenso era una cosa loca. Estamos pues donde estamos, mientras apartan debates con excusas peregrinas, España sigue siendo el país con mayor número de puteros de toda Europa.
La denuncia contra los vientres de alquiler. Que está prohibida en España, pero hay un vacío legal que permite traer a las criaturas que mujeres pobres han parido en el extranjero. Vamos, que se permite “subcontratar” la explotación de mujeres, sin que el gobierno “más feminista y progresista de nuestra historia” haya hecho nada por impedirlo. Esto tampoco se contempla en manifiesto alguno ni está en la agenda de aquellos que nos llaman tránsfobas, putófobas y hasta surrófobas de que no queremos que se subrogue la maternidad.
La abolición del género, contraria a la teoría neoliberal que sostiene que cada persona elige su género y por lo tanto, su posición de oprimida o de opresor. Y por lo tanto, implica el rechazo a las leyes trans, por supuesto, que se basan al 100% en esa creencia misógina.
La caricatura manipuladora del feminismo “tránsfobo” que se vende desde algunos medios llamados progresistas es que lo que nos pasa a algunas es que no queremos perder los privilegios cis, y por eso estamos así. Esa caricatura cada vez tiene menos poder, porque las mentiras acaban cayendo, pero todavía hay mucha gente que cree que lo que nos pasa a las feministas es que somos odiadoras, haters, transodiantes, trasnexcluyentes, terfs, etc. son el bruja, arpía, víbora de toda la vida, pero amoldadas de forma que la sociedad de hoy siga pensando lo que ha pensado siempre: se lo buscaron, algo harían.
Al final, la escisión la ha forzado la decisión institucional de difuminar el sujeto del feminismo, que es la mujer, y de renunciar a aspectos claves de la agenda feminista para incorporar la agenda queer, que nada tiene que ver con la lucha de emancipación de las mujeres. Además, obviamente, hay un malestar importante con cómo está funcionando el Ministerio de Igualdad de Irene Montero, con los desplantes que hacen a todas las asociaciones y colectivos feministas críticos con sus proyectos, y con las consecuencias de esos desplantes, que estamos viendo por ejemplo con los efectos no deseados de la ley del “solo sí es sí”, que fueron anticipados ya por juristas feministas a las que el Ministerio no quiso escuchar.
Y por último queda repasar el 8M de ayer 2023, ha quedado claro que cada vez somos más las feministas que estamos en esta línea y que optamos por despegarnos del discurso oficial comandado por políticas que nada saben contestar a las cuestiones que las feministas les hacen desde hace años. Cuestiones que no queda más remedio que hacerles saltando de las butacas en los actos que hacen para sus fans. De la misma forma que las y los activistas hemos actuado siempre en actos políticos, incluido el mismísimo Pablo Iglesias cuando aún no tenía partido político, iba a los actos del PP, se sentaba, y la liaba parda cuando consideraba. Ahora, que lo hagan otras le parece fatalísimo. Qué cosas, amigas.
Y ya acabamos. Las convocatorias de manifestaciones y bloques abolicionistas han sido numerosísimas a pesar de no haber tenido altavoces, a pesar de las confusiones deliberadas por parte incluso de políticas, han crecido en número de asistentes a pesar incluso de amenazas con las que ha amanecido Madrid, por ejemplo esa megapancarta que cruzaba una avenida entera, y que rezaba la muy inclusiva y feminista frase de “TERF, VIGILA TU ESPALDA”.
Pues ni por esas han conseguido que nos quedáramos en casa. Estamos acostumbradas a convivir con el miedo, con las amenazas constantes, con las agresiones verbales o no tan verbales, van a tener que inventarse otra cosa. Y esto no ha hecho más que empezar, amigas, el feminismo y el 8M lo pelearemos y defenderemos donde y cuando sea. Y como muestra, el día de ayer, 8M de 2023. Las imágenes y las cifras oficiales de seguimiento de la manifestación en diferentes ciudades españolas confirman el crecimiento del feminismo y el declive de la agenda neoliberal del Ministerio de Igualdad. Y además han superado todas las expectativas. Y vamos a seguir dando únicamente de cifras oficiales, ojo: según la Delegación del Gobierno, en Madrid han asistido a la manifestación pro-Gobierno, es decir, agenda queer y no abolicionista de nada: 17.000 personas. Dos tercios se han caído se esa mani, el declive es tremendo. A la abolicionista han asistido 10.000 personas, amigas, el doble que el año pasado. La Delegación del Gobierno en Sevilla cifra en 5.000 las asistentes a cada una de las dos manifestaciones que se han celebrado en la ciudad. Éxito absoluto. Málaga, como sabéis, la única manifestación que había era ya abolicionista, y contaba con 5000 personas. Barcelona solo había una oficial, con un bloque abolicionista dentro del que no hay datos. No hay datos de ningún bloque abolicionista, obviamente, supongo que es difícil de contabilizar. Aunque por otra parte hay casos como el de Palma de Mallorca, con dos manifestaciones separadas, y lo único que sabemos es lo siguiente, publicado por el Huffington Post: Miles de personas han salido este 8M a las calles de Palma para formar parte de dos manifestaciones paralelas, una organizada por la Coordinadora 8M Transfeminista (con 1.400 asistentes, según cálculos de las fuerzas de seguridad) y otra organizada por el Movimiento Feminista de Mallorca, que también ha contado con miles de personas. Pos no sé, parece que en Palma lo hemos petado fortísimo las feministas también.
Y ya pa qué os voy a decir más, solo pega aquí repetir algo que la ministra está harta de escuchar: IRENE MONTERO, DIMITE YA.